Miguel Arroyo Ramírez (1960-2020)

Miguel Arroyo Ramírez (1960-2020)

 

El entrañable Miguel Arroyo Ramírez, jurista de enorme trascendencia, se caracterizó por poseer una gran elegancia y una excepcional capacidad de análisis en temas de política, cultura, finanzas y periodismo, entre otros ámbitos. Conservó siempre un excelente sentido del humor y una gran agudeza. Se le veía caminar por los pasillos del tribunal, siempre amable y listo para sostener una grata conversación. Como él mismo decía, citando a Benito Juárez: “Nada por la fuerza, todo por la razón y el Derecho”.

Don Miguel fue licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México, maestro y doctor en la materia por el Centro Jurídico Universitario. Cursó diplomados en Derecho penal y Derecho mercantil en la Universidad Panamericana y participó en distintos seminarios, fundamentalmente en temas de justicia y seguridad pública, aportando siempre su gran calidad humana y su conocimiento como jurista, lo que le valió recibir el doctorado honoris causa, en reconocimiento a su excelente desempeño en el ámbito académico y profesional, del Centro Jurídico Universitario. Además, obtuvo el Certificado de Estudios Avanzados en Derechos Humanos por la Universidad Nacional de España y fue miembro de la Asociación Nacional de Doctores en Derecho.

Laboralmente, se desempeñó en los últimos años como consejero de la Judicatura del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México, hoy PJCDMX. Fue catedrático en las facultades de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y de la Universidad Anáhuac, así como en la Barra Nacional de Abogados. También fungió como asesor del abogado general y jefe del Departamento de Estudios Legislativos en la máxima casa de estudios; jefe del Departamento de Estudios de Legislación y subdirector de Informática en la entonces Procuraduría General de la República; coordinador nacional de Asuntos Jurídicos y Laborales del Instituto Nacional de Antropología e Historia; presidente del Consejo Nacional de la Abogacía Ignacio L. Vallarta, del Colegio Nacional de Abogados Concursales y Corporativos, de la Confederación Nacional en Seguridad y Justicia, y de la Academia de Derecho Corporativo; además, fue fundador y presidente de la Federación Nacional de la Abogacía Liberal, donde impulsó siempre el respeto a la ideología de la defensa de los derechos humanos.

Miguel Arroyo Ramírez fue un hombre adelantado a su tiempo, tal como se puede constatar en la muy recomendada lectura de artículos de gran relevancia académica y obras y proyectos de su autoría o coautoría, publicados en la Revista Mexicana de Justicia, en Obra jurídica mexicana y en el Diccionario jurídico mexicano, entre los cuales destaca “México, una vocación de justicia”.

Recibió una infinidad de reconocimientos por su trayectoria como catedrático y jurista de parte de diversas instituciones educativas, dependencias de gobierno y asociaciones civiles, así como por su desempeño en la administración pública y por su labor periodística en prensa escrita, radio y televisión, pues fue colaborador en los periódicos El Día y El Economista y en la revista electrónica Libertas, y comentarista por siete años en el programa Formula financiera y conductor de Café encuentros, Entre curules y escaños y Todo se aclara, del Instituto Mexicano de la Radio (IMER, 107.09 FM).

Fue un hombre respetado y admirado por su honradez, responsabilidad, incorruptibilidad e integridad humana. Destacó en todos los ámbitos en los que decidió incursionar y desempeñó con gran vocación, profesionalismo y ética cada uno de los cargos que le fueron conferidos, siempre preocupado por el desarrollo de su país y por el respeto a los derechos humanos.

Será recordado como una persona incansable, generosa, compasiva, amable, educada, brillante y como un ejemplo para quienes tuvimos la gran fortuna de coincidir con él, siendo la viva encarnación de su propia frase célebre: “Ser libre y de buenas costumbres significa que estamos apegados a la ley, a la moral, como plomada que cae sin vacilación y sin disimulo”.

La comunidad jurídica está de luto por la pérdida de un gran jurista y ser humano, un gran amigo con el que inevitablemente estaremos en deuda por sus enseñanzas sobre el verdadero valor de la vida y por ser una guía infalible de cómo ser cada día mejores abogados, personas y profesionistas. Gracias, querido Miguel, por engrandecer y enseñarnos a ejercer nuestra bella profesión, a la cuál tanto amabas, por sembrar siempre el gusto por la lectura, el estudio y el conocimiento, así como por compartirnos tantas ocurrencias, anécdotas, vivencias únicas y enseñanzas magnificas que quedarán grabadas en nuestro corazón. Nuestro reconocimiento y gratitud eternos. Descansa en paz y que Dios te tenga en su inmensa gloria, querido amigo y colega.

 

 

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