Raúl F. Cárdenas Rioseco

Raúl F. Cárdenas Rioseco

No resulta cosa fácil rememorar y despedir a los grandes litigantes. Tuve ocasión de entrevistarlo para un proyecto editorial y, con ese pretexto, recorrer junto a él su legado jurídico. Había ganado apenas un año antes el Premio Nacional de Jurisprudencia y, junto con su ingreso a la Academia Mexicana de Ciencias Penales, consideraba que su trayectoria profesional estaba completa. Así también me encomendó recoger algunas estafetas que había dejado en el camino: defensas e ideas sobre temas que absorbieron mucho de su tiempo y que le costaron noches enteras de insomnio. Alguno de sus clientes recuerda que en una de esas ocasiones el gran litigante le llamó para señalarle cuál sería la ruta de su defensa.
Apasionado como era de su profesión, lo fue de su familia y de sus amigos. Hoy, los que lo conocimos ya lo echamos de menos. La fotografía de un atardecer en Alaska, que compartió de su último viaje, fue la metáfora de quien mira en el horizonte una vida plena, con sus metas cumplidas y, así, con esa visión lo recordamos.

 

Algunas notas sobre su vida
Raúl Fernando Cárdenas Rioseco obtuvo el título de abogado el 17 de marzo de 19661 en la Escuela Libre de Derecho, defendiendo la tesis “El delito de quiebra”; ella y su examen profesional merecieron el mayor reconocimiento que un jurado otorga en esa escuela. Realizó estudios de doctorado en la Universidad Nacional Autónoma de México en 1967 y 1968.
Fue autor de varias obras: Enriquecimiento Ilícito. Inconstitucionalidad del artículo 224 del Código Penal Federal. (Problemática que plantea la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos en la aplicación de este ilícito); El delito de enriquecimiento ilícito ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación. (Una postura inquietante); La presunción de inocencia; el derecho de defensa en materia penal. (Su reconocimiento constitucional, internacional y procesal); La prisión preventiva en México. (Condena por adelantado o medida de seguridad encubierta); El principio non bis in ídem. (Nadie puede ser juzgado, castigado o perseguido dos veces por el mismo hecho); La garantía de correlación de la sentencia con la acusación y la defensa; El derecho a un proceso justo sin dilaciones indebidas; Fraude procesal; El principio de legalidad penal; Sistema acusatorio y prueba ilícita. (En la reforma constitucional de 2008), entre otros.
Presidió la Comisión de Derecho Penal en la Barra Mexicana Colegio de Abogados, A.C.; fue miembro de número de la Academia Mexicana de Ciencias Penales, y, como ya lo señalamos, fue recipiendario del Premio Nacional de Jurisprudencia 2016.
En su momento pude preguntarle por su padre, de quien heredó la vocación por el Derecho penal y cuyo cuadro estaba detrás de su sillón de trabajo, como ángel tutelar. Cárdenas Rioseco me contó:
“Yo creo en mi vocación sobre el Derecho, más que sobre Derecho penal, al que le he dedicado la mayor parte de mi tiempo, lo cual deriva, desde luego, de que en la casa de lo único que se oía hablar era de temas penales.
”Mi padre fue un abogado muy exitoso, litigante, y se atendían en su despacho los asuntos de actualidad de aquella época. Constantemente salía en los medios, en periódicos. Había una columna muy socorrida en aquella época del periódico Excélsior que se llamaba “Tras las Rejas”, donde constantemente hacían referencias al trabajo de mi padre. Y entonces me interesó la cuestión del Derecho desde muy joven. Estudié en la Escuela Libre de Derecho, pero de las diferentes materias que cursé, me incliné más por el Derecho privado, al grado de que, cuando terminé en la Libre de Derecho, me fui a la División de Estudios Superiores de la UNAM para cursar el doctorado. Pero yo no me inscribí en Derecho penal: me inscribí en lo que se llamaba Derecho privado.
”En el despacho Cárdenas-Gómez Mont empecé a llevar los asuntos de carácter civil, porque en la práctica algunos clientes, cuando llegan a plantear un asunto, creen que su asunto es penal; pero no todos los asuntos son penales. Entonces, en vez de competir con todos los abogados del despacho, toda la parte civil me la encomendaban a mí.
”Y, sin embargo, siempre llevé algunos asuntos penales, pero —digamos— menos de los que tenía en mi cartera de asuntos civiles”.2
Pero la rueda del tiempo y la genética vencieron su inclinación por el Derecho privado y lo convirtieron, por méritos propios, en un litigante penal nato.
A la experiencia de realizar defensas de casos históricos vino la creación de una obra esencial para quienes se adentran al mundo del litigio y lo que encierra la realización de estrategias exitosas con un bagaje bibliográfico necesario.
Sus defensas fueron las que íntimamente abrieron sus líneas de investigación, de las cuales el delito de enriquecimiento ilícito le atraía una y otra vez, por la forma en que estaba diseñado el tipo penal. Su última batalla sobre el particular debe estar en el proyecto de algún tribunal, como le ocurrió al Cid.
Pero llegó el momento en que su corazón decidió que ya era tiempo de retirarse. Dos meses atrás salió de viaje. Buscó las auroras boreales y comenzó la lenta despedida de este mundo. Atrás quedaron los tribunales y sus montañas de papel, como sus triunfos, como sus logros ganados en el foro y la academia, y a su alrededor quedaron los suyos, a quienes hoy abrazamos fraternalmente.

 


 

1 Su padre, don Raúl F. Cárdenas, obtuvo su respectivo título de abogado el 17 de marzo de 1933.

2 Tomado del libro Los litigantes, 2ª ed., Porrúa, México, 2018.

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