Amy Coney Barrett, nueva justice de la Corte norteamericana

Amy Coney Barrett, nueva justice de la Corte norteamericana

 

La nueva configuración de la Corte Suprema de Estados Unidos, con la reciente incorporación de Amy Coney Barrett, será determinante y clave al momento de debatir temas tan polémicos como el aborto, el derecho a la portación de armas, la inmigración, el sistema de salud y el cambio climático.


Nunca en la historia de los Estados Unidos se había confirmado a un integrante de la Corte Suprema a tan pocos días de una elección presidencial. En un hecho sin precedentes, con 52 votos a favor y 48 en contra, el Senado norteamericano confirmó el pasado 26 de octubre a Amy Coney Barrett como la nueva magistrada en la máxima instancia del Poder Judicial en ese país. De esta forma, Donald Trump y los republicanos coronaron con éxito sus esfuerzos para ocupar, con un perfil conservador, la vacante que dejó Ruth Bader Ginsburg tras su deceso el 18 de septiembre, en medio de la que fue una campaña electoral atípicamente tensa y polarizada.

Con el nombramiento de Amy Coney Barrett (el tercero durante el mandato de Trump como presidente después del de Neil M. Gorsuch, en 2017, y del de Brett M. Kavanaugh, en 2018), los republicanos lograron romper el balance ideológico que había en la Corte Suprema y la han apuntalado como un auténtico baluarte conservador. Ante el triunfo electoral de Joe Biden y de los demócratas en la Cámara Baja el 3 de noviembre, la Corte, con una mayoría conservadora ahora de 6 a 3, puede convertirse en un infranqueable contrapeso político que acote los proyectos y programas de Biden y contenga, al mismo tiempo, la agenda más radical y “progresista” de los demócratas. La nueva configuración de la Corte será determinante y clave al momento de debatir y tratar temas tan polémicos como el aborto, el derecho a la portación de armas, la inmigración, el sistema de salud y el cambio climático, entre otros.

Amy Coney Barret, de 48 años de edad, es una destacada jurista originaria de Luisiana. Egresó con honores de la Universidad de Notre Dame, en donde dio clases entre 2002 y 2017. De 1998 a 1999 trabajó como asistente del icónico juez conservador Antonin Scalia, a quien ella considera como un mentor y cuya corriente de pensamiento jurídico comparte. Desde 2017 venía desempeñándose como jueza federal en la Corte de Apelaciones, desde donde sus posturas en temas como el aborto le han granjeado simpatía y apoyo entre las bases más conservadoras de la sociedad. Es por ello que pocos fueron los sorprendidos cuando Donald Trump anunció el 26 de septiembre que Barrett sería su candidata para ocupar la vacante que dejó Bader Ginsburg.

Del 12 al 14 de octubre se desahogaron las maratónicas audiencias de confirmación en el Senado, en las que Barrett hizo gala de su trayectoria y conocimiento de la constitución. Ante los embates y cuestionamientos de los legisladores demócratas, supo esquivar hábilmente temas polémicos y afirmó que sus posturas serían independientes, tanto de la Casa Blanca como del Congreso, y que abordaría siempre los casos con una mente abierta. Tras su confirmación en el Senado, y en una simbólica ceremonia en la Casa Blanca, Amy Coney Barret prestó juramento ante el presidente Donald Trump y el juez Clarence Thomas, convirtiéndose en la quinta mujer en llegar a la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Desde que Trump hizo la nominación de Barrett en septiembre, Biden, los demócratas y amplios sectores de la opinión pública, denunciaron la “incongruencia” y “falta de ética” de los republicanos, quienes en 2016 se opusieron con éxito a que Barack Obama impulsara la candidatura de Merrick Garland para la Corte Suprema, tras la muerte de Antonin Scalia. Al igual que los republicanos en 2016, ahora los demócratas insistían en que el nuevo nombramiento debió haberse hecho pasada la elección presidencial, y que no hacerlo ignoraba a los más de sesenta millones de ciudadanos que ya habían votado anticipadamente. La gran diferencia entre el escenario de 2016 y el de 2020 no fue la “generosidad” de los demócratas hace cuatro años, sino que ahora los republicanos sí contaron con los votos suficientes para aprobar el nombramiento de su candidata a la Corte. Como lo señaló Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado, los republicanos únicamente ejercieron el poder que les había sido conferido por el pueblo americano, apegándose en todo momento a las reglas que señalan el Senado y la propia Constitución. Los demócratas, en su lugar, hubieran hecho lo mismo. Así funciona la política.

Ante el triunfo de Joe Biden el 3 de noviembre, la Corte Suprema, ahora con una amplia mayoría conservadora, tiene la enorme responsabilidad de coadyuvar a la reconciliación y reconstrucción democrática del país. Debe fungir, sin vacilar, como un auténtico contrapeso a los demás poderes, pero debe hacerlo con un sentido crítico y objetivo, sin convertirse en un obstáculo insalvable que acentúe la crisis social por la que atraviesan los Estados Unidos. En un país tan polarizado, la Corte tendrá que trascender el campo jurídico para tomar decisiones con inmensas repercusiones políticas y sociales. Tendrá que hacerle frente a las pulsiones extremistas que surgen desde la izquierda y la derecha del espectro político, para anteponer con firmeza el interés general de la nación más poderosa del mundo. En esta tarea, la voz y votos de una mujer tan preparada y con convicciones tan firmes como las de Amy Coney Barrett serán fundamentales.

 


 

* Licenciado en Derecho por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en gobierno y políticas públicas por la Universidad Panamericana. Twitter: @moisabanero.

 

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