Trump: con la daga entre los dientes

Trump: con la daga entre los dientes

 

¿Qué respuesta por parte de México debe suscitar la intención del presidente estadounidense Donald Trump de declarar “terroristas” a los grupos del crimen organizado en nuestro país? De concretarse la medida, ¿cuáles serían las consecuencias?

  

Imaginemos por un momento que un día nos despertamos con la novedad de que el semáforo de monitoreo del volcán Popocatépetl, que en los últimos años ha estado en amarillo, amaneciera en rojo.

Bueno, más o menos la misma reacción se produjo hace unos días en un programa televisivo en Estados Unidos cuando el presidente Trump anunció que estaba pensando seriamente en proclamar como “terroristas” a grupos del crimen organizado en México.

Cabe señalar que esto se dio sólo unos días después de la masacre de mujeres y niños de la familia Le Barón en el norte de Sonora, a metros de la frontera con Estados Unidos. Para agravar el problema, los miembros fallecidos de la familia, además de ser mexicanos, eran ciudadanos estadounidenses.

Tan sólo semanas antes, en una masacre en El Paso, Texas, en la que fallecieron algunos mexicanos, el canciller mexicano Marcelo Ebrard también pidió que se reconociera ese atentado como un acto terrorista.

El anuncio de Trump corrió como reguero de pólvora. Estamos viendo moros con tranchete o estamos exagerando la reacción respecto de la percepción del anuncio del presidente Trump. Hay que discernir su significado. ¿Cuáles son las consecuencias?

Aunque no seré tan preciso y riguroso en citas, como querrían mis compañeros abogados, daré una explicación jurídica básica con peritas y manzanitas del significado y el porqué de las preocupaciones mexicanas, respecto de las declaraciones del presidente Trump.

Desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York, Estados Unidos puso en la cima de sus preocupaciones de seguridad nacional al “terrorismo”. La Ley Patriota promulgada por el presidente, sólo días después, no puso en el radar de máxima seguridad de los Estados Unidos únicamente a las organizaciones terroristas, sino que creó la Homeland Security, la Secretaría de Seguridad Interna del país.

Al hacer esto, Estados Unidos puso el tema en el pináculo de su seguridad nacional. Cuando un tema llega a ser de seguridad nacional, política y jurídicamente quiere decir que está sujeto a medidas extremas y no a las garantías y las salvaguardas de otros tipos de seguridad, como la seguridad pública.

Con base en lo anterior, Estados Unidos amalgamó una fuerza de todas sus dependencias de inteligencia, civiles y militares, y dio mandato a sus fuerzas militares y navales en el mundo para atacar los objetivos terroristas definidos por su gobierno en el mundo.

Como un botón de muestra, tan sólo la determinación como grupo terrorista de Al Qaeda y de su líder de ingrato recuerdo, Osama Bin Laden, muerto por fuerzas militares de élite estadounidenses en Pakistán y cuyos restos mortales terminaron en el fondo del mar, acción por demás contundente y sin miramientos de la extraterritorialidad estadounidense y la soberanía de otros Estados

Medidas extremas como ésta son consecuencia del brazo largo de la ley —long arm statute tan característica del Derecho estadounidense. Hay que recordar que en el caso Estados Unidos vs. Álvarez Machaín, un mexicano secuestrado en México por agentes estadounidenses, la Suprema Corte de ese país confirmó en el caso que no importaba la forma en que una persona llega a la justicia de ese país, lo cual ratifica la posibilidad de las medidas unilaterales y el brazo largo de los estadounidenses.

Un elemento jurídico más que se desprende de las aseveraciones, tanto del canciller Marcelo Ebrard respecto de la matanza mexicanos en El Paso, Texas, como del anuncio del presidente Donald Trump, hecho después de la masacre de la familia Le Barón en Sonora, ambos hechos abominables, es que aunque a nivel internacional ha costado mucho trabajo generar un consenso en relación con la definición del terrorismo, un elemento que se ha destacado para establecer que un acto es de esa índole, es cuando del mismo se pretende crear pánico en un grupo de población civil, elemento que sin problema se encuentra en la matanza de mexicanos en El Paso, lo mismo que en la masacre de ciudadanos estadounidenses de la familia Le Barón en Sonora.

De allí que, si a consecuencias vamos, sin lugar a dudas hay elementos en ambos casos para determinar que se trata de actividades terroristas. Si en sus procesos de seguridad interna Estados Unidos calificara a grupos del crimen organizado mexicano como terroristas, los pondría como blancos de su máxima seguridad nacional y susceptibles de acciones unilaterales y extraterritoriales de sus fuerzas de seguridad. A nivel internacional, en los últimos años ese país ha concedido un régimen de excepción a sus dos vecinos, México y Canadá, pero, tras el anuncio de Donald Trump, la amenaza está en el aire.

¿Estará viendo México moros con tranchete? No, entre la bruma al despertarnos aparece una visión de pesadilla: Trump vestido de kaibil, con su boina y la daga entre los dientes.

Secundo al presidente Andrés Manuel López Obrador y al canciller Marcelo Ebrard: cooperación sí, intervención no, derivados de los principios de la política exterior establecidos en nuestra Constitución.

 


 

* Profesor de Derecho internacional del Instituto Nacional de Ciencias Penales.

 

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