El paradigma de la educación jurídica en México

El paradigma de la educación jurídica en México

Eduardo Juan Couture Etcheverry, el gran jurista uruguayo, impartió una conferencia en el Colegio de Abogados de Buenos Aires, reproducida en el boletín del mismo en 1949. Tiene como génesis un esbozo publicado en la “Revista de Derecho Procesal” de 1948, de donde nace una pequeña obra jurídica de enorme contenido ético, quizá de los más famosos textos de la literatura en la materia: “Los mandamientos del abogado”, mejor conocido como “El decálogo del abogado”, de los cuales éste es el primero: “Estudia. El Derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos serás cada día un poco menos abogado.”1 De ahí la importancia de transformar el paradigma de la educación jurídica en México.

 

 

El conflicto más grave por el que atraviesa la enseñanza del Derecho en México, según las afirmaciones de Fernando Ojesto Martínez, citado por Jorge Luis Rodríguez Losa,2 es que en las facultades de Derecho se sigue trabajando con planes de estudio formulados hace mucho tiempo, los cuales se modifican con la inclusión de nuevas materias, pero sin ningún sentido definido. En consecuencia, no se forman profesionales en Derecho que entiendan los problemas de las instituciones nuevas que están surgiendo en nuestro país como producto de la globalización ligada íntimamente al crecimiento económico; siendo que los egresados de esas facultades no hallan acomodo en el marco laboral por falta de la preparación especializada que requiere el crecimiento económico del país. A diferencia de muchas otras profesiones de las ciencias y las humanidades, los abogados no tienen una sola hora de práctica como requisito curricular en México. En cambio, en algunos países de América Latina eso es distinto, con la creación en la década de 1970 de las primeras clínicas jurídicas que buscaban aliviar ese problema; algo que no necesariamente se ha logrado.

Eduardo López Betancourt, en la obra Pedagogía jurídica,3 dice que una característica lamentable en la escuela mexicana de carácter jurídico es la prevalencia de un bajo nivel académico, porque argumenta que el sistema despótico que ha imperado en la esfera gubernamental ha provocado que se persista en las mismas costumbres, hábitos y errores en el ámbito escolar.

Hablar de constructivismo implica abordar una serie de autores (Jean Piaget, Lev Semyonovich Vygotsky y David Paul Ausubel) que, en el campo educativo, han generado diversas propuestas con objeto de explicar los procesos de enseñanza-aprendizaje, entendidos, desde un plano epistémico, como actos cognitivos. Cabe señalar que este enfoque para abordar los problemas referentes a la educación ha tenido gran impacto en diversas instituciones educativas en los últimos años; considerando que el constructivismo educativo es un enfoque viable para replantear la educación jurídica, toda vez que permite abarcar los diferentes aspectos complejos que encierran los procesos educativos.

Las concepciones constructivistas del aprendizaje y la enseñanza parten del siguiente hecho: no sólo de manera aislada el individuo genera su conocimiento, pues el ámbito escolar influye en los procesos cognitivos. Aprender no es copiar o reproducir una determinada realidad, sino que, según el constructivismo, es la capacidad del individuo para generar una representación personal del objeto de estudio a partir del conocimiento que posee, y no de la nada. En esta medida no solamente se modifica la visión que se tenía, sino que interpretamos lo nuevo de forma particular; de suerte que se permite la integración del conocimiento gracias a que se hace nuestro.4 El constructivismo en sí mismo tiene muchas variaciones, tales como aprendizaje significativo, aprendizaje generativo, aprendizaje cognoscitivo, aprendizaje basado en problemas, aprendizaje por descubrimiento, aprendizaje contextualizado y construcción del conocimiento. Independientemente de estas variaciones, el constructivismo promueve la exploración libre de un estudiante dentro de un marco o en una estructura determinada.

Aunque la brecha entre teoría y práctica en la enseñanza del Derecho es una discusión añeja, quizá la cuestión no es salvarla, sino más bien modificar la forma de pensar esa brecha. Para la academia, hay conocimientos que no se pueden verbalizar y que se desarrollan en la observación y en la práctica; una práctica muy concreta y focalizada que permite aprender a hacer algunas cosas propias de la profesión del abogado.

La educación jurídica en México debe transformarse, haciendo que los alumnos universitarios vean el Derecho desde una analítica óptica crítica, “la única que puede facilitar las modificaciones jurídicas que se necesitan para alcanzar una sociedad mexicana con verdadera justicia”: iustitia est constans et perpetua voluntas ius suum cuique tribuendi (“La justicia es la constante y perpetua voluntad de dar (conceder) a cada uno su derecho”).

 


 

* Actualmente cursa el doctorado en derechos humanos, la maestría en Derecho fiscal (Colegio de Estudios de Posgrado de la Ciudad de México) y la especialidad en educación, en el área de intervención docente (Universidad La Salle Cuernavaca).

1 Eduardo J. Couture, Los mandamientos del abogado, 12ª ed., Depalma, Buenos Aires, 1986, p. 23.

2 Jorge Luis Rodríguez Losa, Didáctica jurídica moderna, Ediuas, México, 1975, pp. 18-29.

3 Eduardo López Betancourt, Pedagogía jurídica, Porrúa, México, 2000, pp. 118- 119.

4 Rosario Cubero, Perspectivas constructivistas, Grao, Barcelona, 2005, pp. 12-15.

  

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