El significado de la Constitución de nuestra ciudad

El significado de la Constitución de nuestra ciudad

 

En este artículo el autor explica por qué la promulgación de la Constitución de la Ciudad de México constituirá un estímulo directo para la reflexión sobre los derroteros del Derecho constitucional mexicano.

 

 

El 31 de enero de 2017 concluyeron los trabajos de la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México. Por primera vez en más de dos siglos la capital mexicana tuvo su Constitución propia, la cual produjo una transformación jurídica fundamental que elevó al antiguo Distrito Federal a una situación de semejanza respecto del resto de las entidades federativas del país, en términos del ejercicio de sus facultades para determinar su organización política y sus vínculos con la Federación dentro del orden constitucional del país y que, al mismo tiempo, fue capaz de plasmar en su texto las particularidades de un territorio que, como capital de la República y como área metropolitana, es una demarcación densamente poblada, urbanizada, compleja y plural, y con considerables desequilibrios humanos y ambientales.

Para algunos resultaría paradójico un poder constituyente que, por un lado, iguala y, por el otro, distingue y particulariza. La Constitución de nuestra ciudad es producto del ejercicio del constituyente, el cual, reiteramos, fue capaz de integrar en un solo texto constitucional las exigencias históricas de brindar a los ciudadanos de la capital los mismos derechos políticos que al resto de los ciudadanos mexicanos, de otorgar a los órganos locales de gobierno esencialmente las mismas facultades señaladas a los poderes en los estados y, también, de establecer para la ciudad bases jurídicas específicas como el régimen de capitalidad que preservó la naturaleza de la entidad como capital de la República, además de títulos que responden a la realidad particular de la metrópoli, como la carta de derechos, la noción de desarrollo sustentable y un esquema de distribución del poder que acata el régimen de excepción previsto en la Constitución Política federal.

Esta composición dual le da a la Constitución de la Ciudad de México un significado propio y de vanguardia, porque la oportunidad de consagrar la igualdad jerárquica de la capital al resto de las entidades federativas no limitó al constituyente para incorporar en la Carta Magna interpretaciones de avanzada en materia de salvaguarda y promoción de los derechos humanos, la no discriminación, la conceptualización de la democracia, los derechos de las minorías, el acceso a los bienes y los espacios de la ciudad, la relación con el medio ambiente y los animales, la inclusión, la solidaridad o el conocimiento, entre muchos otros aspectos que influirán en la futura evolución del Derecho constitucional mexicano tanto federal como estatal.

Más allá de la polémica desatada y de las posturas jurídicas e ideológicas asumidas por los constituyentes, la verdad es que las menciones específicas que la Constitución de la Ciudad de México establece en temas como la pluralidad y la interculturalidad de las comunidades asentadas en la entidad; la progresividad y la exigibilidad de los derechos humanos y sociales; la perspectiva de los derechos y las libertades de las personas y las familias; la noción de la ciudad incluyente de las minorías, los migrantes y las comunidades indígenas; el ejercicio de la democracia directa, participativa y representativa; el control constitucional y el régimen de los organismos autónomos, por citar sólo unos cuantos aspectos novedosos en la concepción y el planteamiento del texto constitucional de nuestra capital, serán seguramente objeto de debate en el Congreso de la Unión y en las legislaturas locales, estimulando la presentación de iniciativas de reforma que retomarán esos conceptos y propondrán su inclusión en la Constitución federal y en las estatales, que derivarán en proyectos de legislación secundaria que propicien un orden jurídico, la organización y el funcionamiento de las instituciones o la definición de políticas públicas que tomen en cuenta los conceptos jurídicos establecidos en la Constitución Política de la Ciudad de México.

Esta Constitución resulta, por tanto, un estímulo directo para la reflexión sobre los derroteros del Derecho constitucional mexicano. Las constituciones mexicanas, esencialmente flexibles y con un alto nivel de detalle en muchos de sus preceptos, se ponen a prueba con este último ejercicio constitucional que añade perspectivas de mayor complejidad, que tal vez van en dirección opuesta a la recomendable simplicidad de la norma; que pueden reforzar la tendencia a la interpretación progresiva que en nuestros días hacen los tribunales o el pleno de la Suprema Corte; que coloca en el centro del debate jurídico el ejercicio de derechos contrapuestos en situaciones específicas, como el derecho a la libre manifestación y la libertad de tránsito; que subraya la vigencia del principio pro persona que reconoce la dignidad de los seres humanos como una realidad previa a la Constitución y a la organización del Estado.

Todas estas consideraciones nos llevan a saludar la promulgación de una Constitución que no hace sino impulsar nuevamente la apasionante discusión sobre la teoría jurídica que nos ocupa siempre a los profesionales del Derecho.

  


 

* Licenciado en derecho por la UNAM, maestro en derecho por la Universidad Panamericana, ex diputado local y federal por el PAN, y magistrado del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México.

 

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