Las mujeres en el Poder Judicial

Las mujeres en el Poder Judicial

 

En el marco de la celebración del Día Internacional de la Mujer y de la conclusión de la actividad de Margarita Luna Ramos como ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el autor nos ofrece algunos datos sobre la subrepresentación de las mujeres en los órganos colegiados del Poder Judicial de la Federación.

 

 

La consolidación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación como verdadero tribunal constitucional tuvo un inicio digamos “complejo”. Recordemos. En diciembre de 1994 viven crisis absolutas la economía y la justicia del país. Los periódicos llenan sus páginas con el colapso económico mientras el Diario Oficial de la Federación da cuenta de 27 artículos constitucionales reformados, con el objeto de reinventar al Poder Judicial de la Federación. Sin mayor trámite, los 26 ministros de entonces, previo acuerdo pensionario, concluyen funciones el primer día de 1995. Nada importó que algunos llevaran pocos meses en el cargo. El “poder débil”, como describió Alexander Hamilton —el célebre autor de muchos de los ensayos de El Federalista al Poder Judicial, fue sacudido por Ernesto Zedillo con el beneplácito y el aplauso del Senado a pocos días de haber asumido como presidente de la República. Concluían las ocho primeras épocas jurisprudenciales que vivió la Suprema Corte entre 1870 y febrero de 1995, mismas que se caracterizaron tanto por el paso de importantes juristas en su pleno como por su dependencia al Ejecutivo.

Aquel enero el Senado recibió una lista de 15 hombres y tres mujeres. Eran las 18 propuestas del presidente Zedillo para ocupar las 11 vacantes del nuevo tribunal. Previas comparecencias, 10 hombres y una mujer fueron designados. El 1º de febrero de 1995 se declaró abierto el periodo ordinario de sesiones. Se nombró al ministro presidente. Nació el tribunal constitucional mexicano.

Los ministros fueron nombrados por periodos escalonados. Los primeros dos concluyeron en 2003. Para sustituirlos, el presidente Vicente Fox envió dos ternas al Senado. La primera, para nombrar al sustituto de quien fuera el primer presidente del tribunal, Vicente Aguinaco, se componía por dos mujeres (una magistrada estatal, otra académica) y un hombre; por abrumadora mayoría se nombró a José Ramón Cossío Díaz. Quince años después la terna que envió el presidente Andrés Manuel López Obrador para sustituir al ministro Cossío Díaz se compuso de dos mujeres (una magistrada estatal, otra académica) y un hombre; también por abrumadora mayoría el Senado designó al ministro Juan Luis González Alcántara Carrancá.

El caso de la terna para sustituir al ministro Juventino Castro y Castro también se compuso de dos mujeres y un hombre. La intención aparente era nombrar a una de las damas; por falta de acuerdos la terna fue rechazada. Pocos meses después se envió la nueva terna; para que el Senado no dudara del género deseado por el presidente, se compuso de tres mujeres, y para mayor indicio se repitió a una de las que integraron la terna rechazada. La ministra Margarita Luna Ramos fue designada. Un dato: cuatro ministros en funciones, todos de carrera judicial, no convencieron al Senado en ternas previas a sus designaciones. Vale la pena reflexionar sobre la pertinencia de insistir en integrantes de ternas.

¿Habrá quien dude que el lugar de la ministra Luna Ramos será ocupado por una mujer? No lo creo. Incluso las mujeres que acompañaron al ministro González Alcántara lo confirman, pues da la impresión de que no se quiso desgastar a quienes se perciben como verdaderas candidatas.

Por primera vez en la historia del país, el Poder Legislativo tiene una composición paritaria. Lograrlo fue un proceso largo y difícil. Aún no queda claro en qué o a quién beneficia la paridad del Senado, pues de poco sirvió la presencia de 63 senadoras, el histórico 49% de la Cámara Alta para las designaciones de la Suprema Corte con dos candidatas y de la Fiscalía con una candidata; el total de votos en las dos elecciones para las tres mujeres sumó cinco. Una ridiculez. La pregunta inevitable: ¿por qué las senadoras no exigen mejores perfiles para las ternas? Entienden su misión o tendremos sumisión.

Dentro de los órganos colegiados del Poder Judicial las mujeres desde siempre están subrepresentadas. Veamos el caso de las máximas instituciones de justicia en el país.

El TEPJF se fundó a raíz de la reforma electoral de 1996. La Sala Superior se compone por siete magistrados designados por el Senado a propuesta de la SCJN. Su primera integración de 1996 a 2006 se compuso por seis hombres y una mujer. El segundo periodo de 2006 al 2016 tuvo igual representación de género. En 20 años únicamente dos mujeres integraron la Sala Superior.

Para su tercera integración se llevó a cabo un largo proceso; la Suprema Corte integró siete ternas que fueron enviadas al Senado para la elección de las magistradas y los magistrados. Entre los 21 finalistas había seis mujeres; la decisión fue agruparlas en dos ternas para asegurar la presencia de mujeres e impedir que compitieran contra hombres. Las razones que motivaron a los ministros para tomar esa decisión “protectora de género” se pueden entender dando un vistazo a la experiencia en la designación de los integrantes de la propia Suprema Corte.

Repasemos la presencia de las mujeres en la Suprema Corte. A partir de 2003, año en que concluyó el primero de los 11 ministros nombrados en 1995, cuatro presidentes de la República han enviado 16 ternas para elegir a 12 ministros (nueve por concluir periodo y tres por fallecimiento). Cuatro ternas fueron rechazadas.

Así se integraron esas 16 ternas: cuatro sólo por hombres, tres sólo por mujeres y nueve en forma mixta (14 hombres y 13 mujeres). Como se aprecia, el porcentaje de representación por género es muy parejo; sin embargo, en ninguna de esas nueve ternas mixtas se nombró a una mujer. Agréguele que una de las ternas de mujeres se rechazó. Las dos ministras en funciones surgieron de ternas femeninas. Conclusión: existen pocas mujeres en la SCJN porque el Senado en 15 años jamás favoreció a una mujer en ternas mixtas. De hecho, rechazó a 20 de 22 candidatas. ¿Violencia política de género?

Pretender ternas exclusivas de mujeres para evitar competir contra hombres tiene un estigma cercano a lo indigno. Pensar que la defensa de sus derechos y sus libertades sólo es posible en clave femenina es ignorancia. Se requiere representación de mujeres en órganos colegiados del Poder Judicial federal porque la sociedad mexicana se compone proporcionalmente de hombres y mujeres. Entonces, en razón de las diferencias biológicas, científicas y sociales que existen entre los géneros es necesario que ambos estén representados proporcionalmente. Dejemos de hablar de una inexistente e indeseada igualdad.

La sucesora de la ministra Margarita Luna Ramos tendrá un gran reto, pues durante 15 años logró ser inspiración y ejemplo para una gran cantidad de hombres y mujeres. Sin embargo, las condiciones son muy diferentes a 2004. Hoy se convive con derechos de nueva generación y una explosiva mezcla de normas obsoletas con absoluta libertad creadora de Derecho.

Le dejo un dato. La reforma a la Ley Orgánica del Poder Judicial impulsada por los senadores de Morena propone que la Presidencia de la SCJN se ocupe en forma alterna entre géneros. ¡Suerte, ministra!

 


 

* Profesor universitario y magistrado.

 

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