Neurociencia para las facultades de Derecho

Neurociencia para las facultades de Derecho

 

El autor explica por qué es indispensable que las universidades integren en sus programas académicos de Derecho una asignatura dedicada al estudio de la neurociencia.

 

Nature, Science, Cell, The Lancet y PNAS están en los primeros 10 lugares (por su índice H) de las revistas científicas1 de mayor impacto. Estas primeras revistas, de un total muy selectivo de 26,199 publicaciones de referencia mundial, han publicado, en más de una ocasión, al menos un documento en el cual los avances en neurociencia tienen repercusiones impostergables para el Derecho. Desde luego, estas cinco revistas científicas no son las únicas que han publicado resultados valiosos para la justicia, sino que a lo largo de revistas especializadas del más alto prestigio (por ejemplo Frontiers in Human Neuroscience, Journal of Neuroscience, entre otras) se ha planteado, con mucha rigurosidad, que es necesario comunicar al Derecho con la neurociencia.

El diálogo entre Derecho y neurociencia llega tarde a América Latina (García-López et al.), en parte porque los programas de estudio de las facultades de la abogacía no incluyen estos valiosos conocimientos desde la licenciatura. Lo ideal, desde mi perspectiva, es que las universidades integren cuanto antes una asignatura dedicada al estudio de las neurociencias en todas las facultades de Derecho.

Es posible que haya quien crea que lo planteado en el párrafo anterior no tiene sustento aplicado y “sólo” es una idea superficial, cuya existencia debe aislarse en las revistas científicas. Sería muy lamentable que hubiera quien pensase de esta manera: que los descubrimientos se confinan en las academias y que están dedicados, de manera excluyente, a un grupúsculo de poder. En realidad, los avances de los laboratorios tienen repercusiones cotidianas de fundamental trascendencia para la humanidad. Por eso el Derecho debe evolucionar una vez más e integrar los conocimientos de la neurociencia a los más generales de todo jurista.

¿Por qué habríamos de hacer una reforma académica de esta naturaleza? Porque no hacerlo significa un nuevo rezago para muchos juristas, que ya dejaron pasar las propuestas específicas de disciplinas como la psicología jurídica o la justicia restaurativa. Porque los avances de las neurotecnologías son tales que no sólo exigen ya el estudio del Derecho desde la neurociencia, sino que obligan a contener a la neurociencia desde el Derecho. ¿Cómo lo harán, los futuros legisladores, si no tienen una serie de conocimientos mínimos sobre estas interacciones? Por fortuna, el Instituto Nacional de Ciencias Penales incluye ya asignaturas específicas en estos sentidos para el posgrado. Es un paso muy significativo que un centro público de investigación cuente con estas opciones de formación especializada en México, pero es insuficiente, pues se requiere una reforma académica mucho más amplia, lo cual implica la actualización de los planes de estudio de la licenciatura y no sólo del posgrado.

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