Por qué apuesto por las sociedades por acciones simplificadas

Por qué apuesto por las sociedades por acciones simplificadas

La reciente reforma a la Ley General de Sociedades Mercantiles, que establece el modelo de sociedades por acciones simplificadas (SAS), pretende incorporar un mecanismo de operación sencilla que se adapte a las necesidades de las micro y pequeñas empresas, facilitando así su ingreso a la formalidad. El autor analiza si serán la panacea que algunos pregonan o una puerta abierta a la inseguridad jurídica, como afirman otros.

 

Hace más de 20 años, con el título Hacen falta empresarios creadores de empresarios (posteriormente publicado como Empresarios oprimidos), Gabriel Zaid señalaba los mecanismos perversos que impiden que las empresas se desarrollen.1 Así, el gran escritor mexicano menciona que de todas las cosas que pueden hacerse por las microempresas, dos son las más importantes: liberarlas de trámites y darles microcréditos. Nada ahoga más el desarrollo de las pequeñas empresas que la carga de trámites, y, de la misma manera, nada puede fomentarlo tan sencillamente como los créditos pequeños y oportunos.

En lo que respecta a los trámites, éstos son tortuosos y costosos en todas las empresas, pero en las pequeñas se vuelven trágicos, y muchas veces sólo se sortean por medio de la corrupción. El autor afirma: “Los costos notariales para una transacción de mil pesos pueden ser los mismos que para un millón, pero cuestan mil veces más, proporcionalmente. Veinte horas de un experto en una gran empresa cuestan mucho menos (proporcionalmente) que veinte horas de un empresario sin ayudantes, que tiene que cerrar el negocio para ir a ver qué quieren las autoridades… Las leyes están mal: no hacen excepciones para las microempresas. La utopía y la ignorancia legislan para un país inexistente: para que prospere la corrupción en el país realmente existente. Además, el gobierno, las grandes empresas, los grandes sindicatos, presionan legislativamente por lo suyo, indiferentes a la situación de los microempresarios”.2

Zaid concluye ese punto afirmando que debería estudiarse cada ley, reglamento y trámite desde el punto de vista microempresarial, para que el orden legal no sea tan destructivo de la productividad, para que sea muy sencillo abrir y operar microempresas, sin estar fuera de la ley, ni exponerse al chantaje de las autoridades.3

Esto que durante mucho tiempo pareció ser una terrible condena para los microempresarios hoy en día , tiene una posibilidad de revertirse, e insisto en el lenguaje empleado, una “posibilidad”, con las reformas a la Ley General de Sociedades Mercantiles publicadas en el Diario Oficial de la Federación el pasado 14 de marzo de 2016.

Tomando como base las experiencias de otras latitudes, como los casos de Colombia y Chile, y después de una consulta a todos los involucrados en el tema, como emprendedores, cámaras, autoridades financieras y fiscales, así como la Secretaría de Economía, se creó un modelo propio de sociedades que varía en cuanto a estructura y finalidades de las experiencias antes citadas. Así ven la luz las sociedades por acciones simplificadas (SAS), que entrarán en vigor dentro de seis meses.

Las SAS han nacido con cierta polémica, por cierto muy focalizada, por lo que es necesario intentar analizarlas de manera objetiva para ver si son la panacea que algunos dicen o la perdición en el fango de la inseguridad que otros pregonan.

Naturaleza

Las SAS, a diferencia de lo que ocurre en otros países, son otro tipo social, distinto a los ya previstos por la Ley General de Sociedades Mercantiles (artículo 1, fracción VII), y así, su denominación siempre irá seguida de las palabras “Sociedad por Acciones Simplificadas” o de su abreviatura “SAS” (artículo 261).

Requisitos estructurales

Las SAS se constituyen por una o más personas físicas, las cuales no podrán ser simultáneamente accionistas de otro tipo social si su participación en dicha sociedad le permite tener el control de la sociedad o de su administración, en términos de la legislación del mercado de valores (artículo 260).

Su representación estará a cargo de un administrador, función que será desempeñada por un accionista cuyas facultades emanan de su designación (artículo 267). Con esto se busca que no sólo su constitución sea sencilla, sino también su administración.

Forma de constitución

El tema que más polémica ha causado y que, en mi opinión, es el menos importante, es el relativo a la forma de constitución.

Los requisitos previos son que alguno de los accionistas cuente con la autorización para el uso de denominación y que el o los accionistas cuenten con certificado de firma electrónica avanzada vigente (artículo 262, fracciones III y IV).

La constitución se realiza mediante el sistema electrónico de constitución a cargo de la Secretaría de Economía, mediante las siguientes bases (artículo 263):

I. Se abrirá un folio por cada constitución.

II. El o los accionistas seleccionarán las cláusulas estatutarias previstas por la secretaría a través del sistema.

III. Se generará un contrato social firmado electrónicamente por los accionistas, que se entregará de manera digital.

IV. Una vez verificados los requisitos, la secretaría lo enviará de manera digital para su inscripción en el Registro Público de Comercio.

La reforma busca que la Secretaría de Economía utilice las herramientas tecnológicas con las que ya cuenta, con el fin de evitar nuevos gastos al contribuyente.

Cabe hacer mención de que, si los accionistas así lo desean, pueden constituir la sociedad ante notario o corredor público.

Características especiales

Las SAS, a diferencia de lo que ocurre en otros países, están consideradas para ser un régimen transitorio muy sencillo para los emprendedores, con el fin de que posteriormente emigren a tipos sociales mayores, una vez que la empresa se encuentre fortalecida. De ahí las siguientes características especiales:

a) No es necesario constituir el fondo de reserva (artículo 20).

b) Los ingresos totales anuales no podrán rebasar los cinco millones de pesos; en su defecto deberá transformarse (evolucionar) en otro régimen societario (artículo 260). A esta cantidad se llegó gracias al análisis de la Subsecretaría de Ingresos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

c) El o los accionistas serán subsidiaria o solidariamente responsables, según corresponda, con la sociedad, por la comisión de conductas sancionadas como delitos (artículo 264).

d) Los contratos celebrados entre el accionista único y la sociedad deberán ser inscritos por la sociedad de manera electrónica en la Secretaría de Economía (artículo 264).

e) Las modificaciones estatutarias, así como su transformación, deberán llevarse a cabo ante notario o corredor público (artículo 269).

f) La falta de presentación de la situación financiera durante dos ejercicios consecutivos dará lugar a la disolución de la sociedad (artículo 272).

g) Salvo pacto en contrario, deberán privilegiarse los mecanismos alternativos de solución de controversias a que se refiere la legislación mercantil (artículo 270).

Críticas que ha recibido

Como es común en todo tipo social nuevo, han emergido críticas a esta nueva figura, entre las que podemos mencionar las siguientes:

- Vulnera la seguridad jurídica. No considero que sea el caso, pues al ser un régimen transitorio para el pequeño empresario, los candados que establece el legislador hacen muy difícil la creación de diversas empresas bajo un solo control, además de que al ser una figura cuya información se envía de manera digital a registros federales, se facilita más la actividad de la autoridad administrativa en cuanto a los informes sobre lavado de dinero. Por otra parte, la utilización de la FIEL (Firma Electrónica) brinda mayor seguridad ante la creciente suplantación de personas, problema que ha sido señalado recientemente por el presidente del Colegio de Notarios de Aguascalientes, Luis Perales. El enemigo que busca combatir este tipo social no es la seguridad jurídica, sino, por el contrario, la informalidad.

- Es inconstitucional. Tampoco creo que esto se pueda afirmar, ya que si bien los estatutos sociales están previamente previstos por la Secretaría de Economía, esto se asemeja a los contratos por adhesión, en los cuales sigue existiendo la autonomía de la voluntad, como lo ha afirmado la doctrina. En lo que respecta al hecho de que se establezcan determinados requisitos para acogerse a la figura, tampoco puede ser considerado inconstitucional, de la misma manera que la figura notarial o la de correduría pública no son inconstitucionales por establecer una serie de exámenes y requisitos para acceder a esas funciones.

- No reporta ningún beneficio. Efectivamente, el hecho de que la constitución de estas empresas tenga un costo cero, no debe ser su única razón de existir, pues el beneficio sería mínimo. En la medida en que las SAS cumplan su función de ser una figura transitoria entre el emprendedor y la gran sociedad se habrán cumplido sus objetivos. También es importante aclarar que la reforma no tiene como finalidad un simple proceso de fast track para constituir empresas, sino que busca una estrategia global que permita la subsistencia de las empresas.

En conclusión, disiento de quienes afirman que nace como letra muerta, pero también de los que afirman que es la solución a todos los problemas de los pequeños empresarios.

Creo que estamos ante algo parecido al experimento del gato de Schrödinger, en el que el gato dentro de la caja puede estar vivo o estar muerto, lo que se sabrá hasta que se abra la caja. Así, no podemos afirmar a priori que las SAS son un fracaso o un éxito, pues falta mucho trabajo por hacer. Y se espera una adecuada reglamentación, una correcta coordinación entre autoridades participantes, apoyos de instituciones como el INADEM y actualización de manuales de los bancos. El camino aún es largo, pero, por lo menos, parece que ya existe la intención de revertir el escenario del que habla Gabriel Zaid. El tiempo nos dirá si sirvió de algo.

Notas

* Corredor Público 65 de la Plaza de la Ciudad de México.

[1]Gabriel Zaid, Empresarios oprimidos, RHM, México, 2009, pp. 206 y ss.

2Idem.

3Ibid., p. 208.

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