Qué es y qué no es una comisión de la verdad

Qué es y qué no es una comisión de la verdad

 

Entre los mecanismos de la justicia transicional, hay uno fundamental del que se empieza a hablar en nuestro país: la posible instalación de una comisión de la verdad para México, tema que aborda la autora en este artículo.

  

¿Qué es una comisión de la verdad? ¿Cómo funciona? Y, muy especialmente, ¿para qué sirve este mecanismo? Trataré de dar aquí algunas breves explicaciones sobre este tópico.

En general, las comisiones de la verdad han sido creadas como un proyecto político cuyo principal objetivo ha sido enfrentar el pasado en los contextos de cambios de gobierno y acuerdos de paz.

Son órganos colegiados de investigación creados para que las sociedades que fueron víctimas de violencia y de graves violaciones a sus derechos humanos, afronten de manera crítica su pasado, logren cerrar sus heridas y eviten que esos hechos se repitan.

A través de estas comisiones se busca, al menos: 1) identificar las causas de la violencia y los elementos del conflicto; 2) investigar las violaciones más graves a los derechos humanos, y 3) permitir que se conozca a los responsables.

Es probable que la primera instancia de este tipo haya sido la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas de Argentina, creada en 1983 como una comisión asesora del presidente Raúl Alfonsín para investigar las violaciones cometidas durante la dictadura militar. Otras fueron la Commission of Inquiry into Violations of Human Rights establecida en 1986 en Uganda, y la Truth and Reconciliation Commission de Sudáfrica, creada en 1995 al final del apartheid. Más adelante, en 2001, se creó en Europa la Commission for Truth and Reconciliation para los países que integraban la antigua Yugoslavia.

Y en los últimos 30 años se ha creado una gran cantidad de estas comisiones: Chile (1990), Chad (1990), El Salvador (1992), Guatemala (1994), Haití (1995), Nigeria (1999), Sierra Leona (2000), Perú (2001), Ghana (2002), Timor Oriental (2002), Marruecos (2006), Liberia (2006), etcétera.

Por lo general, estos organismos funcionan por un periodo de tiempo corto y pueden emplear a cientos de personas para recoger testimonios, organizar audiencias públicas, efectuar investigaciones de casos y realizar estudios temáticos. Algunas son creadas sólo para investigar un caso en específico (commissions of inquiry), mientras que otras son implantadas para descubrir y entender patrones de violencia generalizada (truth commissions). A algunas se les ha atribuido el poder de citación o el derecho de acceder a archivos y oficinas públicas. Otras han tenido que depender de la cooperación internacional, y otras más, de los perpetradores directos, a cambio de promesas de confidencialidad.

Aunque no suelen tener poder para enjuiciar, muchas comisiones de esta índole han recomendado la realización de juicios y algunas han compartido sus archivos con las fiscalías. Otras han optado por dar a conocer públicamente los nombres de las personas responsables de los crímenes que investigaron.

Las siguientes son sus principales características:

- Se centran en las víctimas y los sobrevivientes, quienes son sus principales fuentes de información. Muchas comisiones tienen el mandato de asegurar el bienestar de las víctimas a través de ayudas de emergencia, apoyo psicológico, seguridad y auxilio legal.

- Se complementan con la justicia penal, sin sustituirla. No realizan investigaciones judiciales, ni establecen responsabilidades penales individuales, ni determinan castigos. Y tampoco utilizan normas de debido proceso. Por sí solas, no sirven para llevar a prisión a nadie, ni para acabar con la violencia ni para terminar con la impunidad.

- Se enfocan en violaciones graves a los derechos humanos, como desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales, desplazamiento forzado, tortura, violencia sexual, etcétera. Algunas han investigado delitos económicos y actos de corrupción, como parte de patrones de abuso autoritario y violencia.

- Pueden abarcar muchos casos y largos periodos de investigación. Debido a lo anterior, pueden llegar a reunir grandes cantidades de información, lo cual las obliga a hacer uso de diferentes enfoques metodológicos y, sobre todo, a acudir al análisis estadístico.

Estas comisiones suelen ser creadas por los titulares el Poder Ejecutivo, en coadyuvancia con los miembros del Parlamento. Hay, sin embargo, dos casos de comisiones creadas por el Poder Judicial. La Truth and Reconciliation Commission de Canadá, establecida en 2009 para investigar las políticas de asimilación forzada de niños indígenas, y la Comisión de la Verdad de México avalada por el Primer Tribunal Colegiado del Décimo Noveno Circuito con sede en Tamaulipas, para investigar el caso Ayotzinapa.

¿Cuándo son un medio para descubrir la verdad y recuperar la paz social, y cuándo son simplemente artificios para que los políticos evadan sus responsabilidades y sus deudas con el pasado? ¿Cuándo cierran definitivamente un capítulo de la historia de un país y logran garantizar la paz, la verdad y la reconciliación? No siempre. Muchas de estas comisiones han recibido duras críticas.

Por ejemplo, a la Comisión de Uganda se le cuestiona haber generado enormes expectativas y, al final, dar pocos resultados. A la Comisión Sudafricana sobre el Apartheid se le critica haber ofrecido amnistía a los perpetradores y no llevar a juicio a nadie. A la Comisión de la ex Yugoslavia se le juzga su falta de transparencia, sus nulos resultados y, sobre todo, el haberse convertido en un instrumento político del presidente de ese país.

Lo más difícil es asegurar la credibilidad de una comisión de la verdad, pues para lograrlo se debe seleccionar a miembros con excelente reputación moral y profesional; garantizar su independencia y su seguridad; establecer procedimientos transparentes para la investigación y mecanismos eficientes de recolección de datos, e instrumentar un diálogo directo con la sociedad civil y, en particular, con las víctimas. Además, deben contar con el apoyo de las autoridades políticas nacionales, incluyendo el suministro adecuado de recursos. En especial, deben tener buenas estrategias de comunicación y ganarse el respeto de la sociedad.

Aunque son mecanismos muy útiles, son muy difíciles de implementar. Requieren verdadera voluntad política y, muy especialmente, precisan experiencia y mucha planeación.

De lo que no hay duda es de que, bien instrumentada, una comisión de la verdad para México podría tener un significado de paz y reconciliación, lo cual es de enorme trascendencia para toda la nación en la actualidad.

 


 

* Doctora en derecho por la UNAM, especialista en justicia y derechos humanos.

 

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