Smart contracts y el fin de los abogados

Smart contracts y el fin de los abogados

 

Los contratos autoejecutables, anclados en la tecnología de “cadena de bloques” (blockchain) y, por lo tanto, capaces de eliminar a los intermediarios para asegurar su cumplimiento, se están convirtiendo en una realidad. ¿Qué papel desempeñaremos los abogados en este escenario?

 

El mundo va en constante movimiento, y junto con él también van las profesiones y el quehacer del ser humano. Se ha comentado desde hace varios años y en diversos medios que el avance tecnológico y la inteligencia artificial destruirán una cantidad impresionante de empleos.

Delimitando en campos profesionales, se señala directamente a la abogacía como una de las profesiones que se encuentra en los primeros lugares de la lista negra de profesiones que serán afectadas por el avance tecnológico.

Me atrevería a decir que (por el momento) esto es parcialmente cierto. Richard Susskind, por ejemplo, ha sido contundente al respecto en su libro The End of Lawyers? Susskind sostiene, por una parte, que el trabajo tradicional de diversos abogados será considerablemente mermado o eliminado; pero, al mismo tiempo, es consciente de que, independientemente de lo anterior, él observa que el avance tecnológico también será fuente de nuevas formas de trabajo o empleo de las que conocemos hoy día para abogados.1 Comparto totalmente lo que Susskind plantea. Él mismo es muy claro al inicio de su libro cuando explica que no pretendió escribir esa obra con el fin de enterrar a todos los abogados, ya que él también es jurista y estaría disparándose en ambos pies, sino que lo que pretende es que el operador jurídico, específicamente abogados postulantes, notarios, asesores, abogados corporativos o abogados servidores públicos, sobre todo aquellos que trabajan en la elaboración de políticas públicas, sean más imaginativos y creativos y se adapten a los cambios económicos y sociales que traerá el avance tecnológico.2

En lo personal, veo complicado que a corto o mediano plazo la tecnología nos rebase y seamos completamente reemplazados por abogados y jueces robots.3 Hay temas y actividades del Derecho en las que obligatoriamente se necesita al ser humano; por ejemplo: en situaciones de cabildeo, persuasión a jueces, negociaciones, mediaciones o conciliaciones, análisis críticos de sentencias o cualquier otro documento legal, entre muchos otros. La tecnología y la inteligencia artificial van a brindarnos un gran apoyo en diversos aspectos de nuestro quehacer jurídico laboral, como detectar errores contractuales, prevenir riesgos en litigios, e inclusive, brindar estrategias para demandar y defender a clientes, por mencionar algunos ejemplos.

Ahora bien, en el mundo jurídico ya se han presentado diversos acontecimientos en los que ha participado la tecnología y la inteligencia artificial. Permítame mostrarle solamente tres.

La empresa LawGeex4 puso a competir a 20 abogados contra una inteligencia artificial entrenada para detectar errores contractuales. Según una nota que habla sobre este acontecimiento,5 los participantes dispusieron de cuatro horas para revisar acuerdos de confidencialidad y comparar sus respuestas sobre los errores detectados en esos acuerdos con las respuestas proporcionadas y detectadas por la inteligencia artificial. Así, los abogados encontraron 85 por ciento de los errores contractuales, mientras que la inteligencia artificial detectó 94 por ciento; además de que lo hizo sólo en 26 minutos6 y resultó ser más efectiva en precisión y en tiempo.

Por otro lado, Joshua Browder7 creó un determinado robot a través de una app llamada DoNotPlay8 que permite demandar a quien sea solamente con presionar un botón. La app también está enfocada en dar asesoría legal a través de un chatbot formulando preguntas sencillas; esto es, el usuario le plantea la situación y le menciona a quién quiere demandar; de esa manera, la app emite al usuario la asesoría y la información detallada junto con los documentos que necesitará presentar ante el juzgado correspondiente.

Y, por último, éste no es un caso en particular, pero, como el ejemplo anterior, también es prueba plena del desarrollo tecnológico y de la relación que ahora muchos empiezan a denominar law and tech, o “Derecho de las nuevas tecnologías”. Me refiero a otra app española titulada “Calcula tu pena”,9 creada con el objeto de realizar las conversiones aritméticas necesarias para la imposición de penas mínimas y máximas de delitos, y que podría ayudar a jueces o magistrados en su actuación jurisdiccional.

Con estos ejemplos podemos darnos una idea de lo que se está presentando actualmente y del impacto que causará la tecnología y la inteligencia artificial en el mundo de los abogados; pero, como mencioné líneas arriba, me atrevo a levantar la mano para sostener que aún no es el fin de los abogados, como pretendía Shakespeare en su famosa cita: “Lets kill all the lawyers”. Imagínese que usted utiliza la app DoNotPlay para impugnar una multa que acaba de imponerle un policía de tránsito. La app brinda la asesoría correspondiente y le dice cuáles son los documentos necesarios que debe presentar ante un juzgado, hacer lo cual le quitará tiempo a sus actividades cotidianas. Y para eso estamos los abogados, como parte integral de la prestación de los servicios jurídicos. Además, la substanciación del procedimiento también es tarea del abogado. Y hasta ahora ningún robot ni aplicación virtual asesora y desahoga procedimientos administrativos o judiciales por completo. No nos asustemos.

Dicho lo anterior, mi intención en el presente artículo es llevarlo a un campo maravilloso del Derecho que tampoco está exento ante los ojos y el alcance de la tecnología y la inteligencia artificial. Me refiero al Derecho de los contratos, específicamente a lo que ahora se conoce como smart contracts (contratos inteligentes).

Pero, ¿qué son los smart contracts? Las primeras apariciones de los contratos tuvieron lugar en Mesopotamia,10 redactados en tabletas de arcilla. Y en 1996 Nick Szabo denominó a los contratos comunes y corrientes como ahora se les empieza a conocer: smart contracts, incluso antes del famosísimo bitcoin.

Unos aseguran que el smart contract no tiene el mismo funcionamiento y el mismo objetivo que un contrato normal. Otros sostienen lo contrario, es decir, que formalmente debemos verlo y entenderlo como un acuerdo de voluntades que produce o transfiere derechos y obligaciones, tal como lo establece el artículo 1793 del Código Civil federal y sus correlativos en las entidades federativas. Pero, independientemente de lo anterior, un smart contract es un software que archiva determinadas reglas o normas que establecen lo pactado entre las partes en un contrato y que se va a ejecutar hasta que las condiciones establecidas se cumplan en aras de garantizar plenamente los derechos de las partes, esto es, que prácticamente se le otorga un carácter completamente vinculante: “Smart contracts are an enforceable binding agreement between parties”.11 Lo anterior tiene sustento en lo que Carlos Górriz sostiene acerca de los contratos inteligentes. Según él, un contrato inteligente posee cuatro características especiales: i) es un programa informático; ii) está basado en la tecnología de la cadena de bloques (blockchain); iii) se autoejecuta (self-execution y self-enforcement), y iv) en la ejecución del contrato no intervienen las partes.12

Las condiciones pactadas en las reglas o las normas que se impongan son establecidas a través del blockchain. Pero, ¿qué es el blockchain? Es un sistema que nos facilitará la vida, aunque existan muchos escépticos al respecto.

El blockchain (como su nombre lo dice) es una cadena de bloques, cada uno de los cuales posee información específica. Cada uno de esos bloques, con los datos que se les proporciona, crea una cadena de mandos a través de algoritmos matemáticos que le asignan una función determinada. El problema del blockchain es que es susceptible de ser hackeado.

Sin embargo, el blockchain es indispensable para el funcionamiento de los smart contracts. Veamos por qué.

Cuando se trata de nuestro dinero, la confianza es muy importante al celebrar un contrato. A veces, al firmar o suscribir alguno, nos quedamos preocupados porque es posible que no conozcamos a fondo a la parte con la que se celebra ese acuerdo de voluntades. Para esto, el blockchain y los smart contracts vinieron a ahorrarnos preocupaciones.

El blockchain bloqueará todas las operaciones y cada parte del smart contrat será notificada, pudiendo verificarse en todo momento cualquier transacción. Además, tendrá la posibilidad material de aceptar o rechazar la ejecución del contrato. Es como tener un notario presente en todo momento, pues los smart contracts son una base de datos y una fuente compartida entre las partes a la que podrán acceder cuando lo deseen. Aquí funciona la famosa teoría del “trusted third party”: la información que se le proporcione a cada bloque se ejecutará sólo hasta que las condiciones del smart contract se cumplan, en virtud de la característica de los contratos inteligentes, denominada automatismo, la cual quiere decir —con las palabras de Carlos Górriz— que el contrato se ejecutará sólo hasta que las consecuencias de lo pactado se desencadenen, esto es, cuando se cumplan las condiciones o requisitos previstos en el contrato. Lo anterior, con el fin primordial de brindar mayor seguridad jurídica a las partes, ya que el contrato no se puede modificar unilateralmente ni impedirse su ejecución.13

Esto es increíble e interesante, ya que si alguna de las partes intenta modificar o cambiar alguna de las cláusulas del contrato, todas las demás partes podrán detectarlo gracias al blockchain, ya que, además de lo que explicamos antes sobre éste, también funciona como un libro de contabilidad y evidenciará de manera inmediata la secuencia cronológica de las alteraciones de las cláusulas así como de las transacciones realizadas. La parte que quiera actuar de mala fe no podrá hacerlo gracias al blockchain. ¿No es una maravilla?

Sin embargo, uno de los mayores problemas este tema, que comienza a crecer alrededor del mundo jurídico, es que no está regulado. En consecuencia, no dudo de que en un momento dado ocasionará muchísimos problemas si no se establecen reglas del juego claras. Y tal vez las reglas del juego en el Derecho de los contratos, como las conocemos en la actualidad, ya no se apliquen a los smart contracts, lo cual derivaría en que ya no se necesitarían jueces para la interpretación de las cláusulas de estos contratos.

 

 


 

 

* Abogado por la Universidad Marista de Mérida y maestro en defensa administrativa y fiscal.

1 Richard Susskind, The End of Lawyers? Rethinking the nature of legal services, Oxford, Nueva York, 2010, p. 2.

2 Idem.

3 Respecto de la función judicial relacionada con la tecnología o la inteligencia artificial, recomiendo ampliamente el artículo “Los jueces eléctricos (distopía en cinco tiempos)”, que se encuentra en el libro Doce fábulas para estudiantes de jurisprudencia de la editorial Tirant Lo Blanch, autoría del magistrado Miguel Bonilla López.

4 https://www.lawgeex.com.

5 https://www.fayerwayer.com/2018/02/inteligencia-artificial-abogados/.

6 La nota menciona que el abogado más ágil y eficiente tardó 51 minutos en encontrar los errores.

7 Joshua Browder creó esta app derivado de una disputa por las docenas de multas de tránsito que le impusieron.

8 https://www.theverge.com/2018/10/10/17959874/donotpay-do-not-pay-robot-lawyer-ios-app-joshua-browder.

9 http://calculatupena.es/.

10 Cardozo Blockchain Project, “Smart Contracts & Legal Enforceability”, 2018, p. 1. Consultado en https://cardozo.yu.edu/sites/default/files/Smart%20Contracts%20Report%20%232_0.pdf.

11 “Los contratos inteligentes son un acuerdo ejecutable y vinculante entre las partes.”

12 Carlos Górriz López et al., Inteligencia artificial. Tecnología. Derecho, Tirant lo Blanch, Valencia, 2017, p. 188.

13 Ibid., pp. 190 y 191.

  

5559-2250 / 5575-6321 / 5575-4935 - Aviso de Privacidad - Términos y Condiciones

El Mundo del Abogado