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“Utilizar a niños como títeres”: la polémica en virtud de la idea de derechos humanos en México

“Utilizar a niños como títeres”: la polémica en virtud de la idea de derechos humanos en México

En México, como en el mundo entero, hay una fuerte discusión en torno de los derechos humanos. Es necesario proteger la diferencia e incluso potencializarla y no suprimirla. Pero también es necesario crear lazos cooperativos para lograr un diálogo en la diferencia. En el presente documento se justifica cómo el modelo deliberativo, materializado a través de un preámbulo constitucional, puede significar un primer paso a la construcción del diálogo en la diferencia.

 

Para algunos, Jesús Silva Herzog Márquez no midió su osadía. Para otros, fue un grito —o quizás una plegaria— exigiendo el respeto a la dignidad humana. Sea como fuere, la frase escandalizó: “Mexicanos Primero ha violado la Constitución y la ley electoral produciendo un anuncio que utiliza niños como títeres, para influir en los votantes. Usar niños para el entretenimiento de los mayores es un atentado a su dignidad. Usarlos como munición en la guerra política es inadmisible”.(1)

Esta frase surgió a propósito de un video que comenzó a circular en las redes desde el día 27 de abril, con el título: “¿Y si los niños fueran candidatos?”, promocionado por la asociación civil Mexicanos Primero. En el promocional, con duración de un minuto, se presenta a cuatro niños y a una niña de supuestos nombres Andrés, Ricardo, Pepe, Jaime y Margarita. Ellos y ella defienden lo que llaman la transformación educativa. Durante el desarrollo de su diálogo utilizan frases —muy próximas— empleadas por las actuales personas que contienden por la Presidencia de la República. Jesús Silva Herzog no fue el único. También se inconformó Jorge Alcocer, quien presentó una queja ante el Instituto Nacional Electoral.(2)

Sin embargo, para el INE ese video no resultó violatorio de la Constitución pues se dijo que “ se consideró que, de una interpretación del artículo 41 constitucional a la luz del principio pro persona, dicho promocional (en el que cuatro niños y una niña caracterizan a la candidata y los candidatos a la Presidencia de la República), bajo la apariencia del buen derecho, se encuentra amparado por el derecho fundamental de la libertad de expresión reconocido en los artículos 6 y 7 de la Constitución;”(3) pero además se agregó que “ sobre la aparente vulneración del interés superior de la niñez, al participar menores de edad en ese promocional, se dijo que al tratarse de un spot realizado y producido por una asociación civil y no por un partido político o candidato, corresponderá al estudio de fondo de la Sala Regional Especializada”.(4) Por su parte, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación dictó medidas cautelares para suspender la proyección del video;(5) aunque no se pronunció con respecto al derecho de los niños, pues la suspensión se hizo con el argumento de que sí “puede influir en las preferencias electorales”. Se está en espera de la resolución de fondo.

Esta situación pone de manifiesto algo que suele suceder con frecuencia en México (y en el mundo): lo escurridizo del concepto de derechos humanos. Aunque hay situaciones que, desde cualquier perspectiva filosófica que se asuma en torno de la idea de los derechos humanos, sí generan acuerdos (el caso de los feminicidios, las desapariciones, los homicidios, etcétera), hay algunas otras situaciones que no son tan claras y que nos dividen. Estas situaciones que nos dividen indudablemente contribuyen a alejarnos de la posibilidad de resolver las primeras. En el presente documento se pretende señalar que hay diferencias en México, lo cual no debe evitarse sino precisamente crear una vía de canalización para lograr, primero, el respeto de ellas y, segundo, para la comunicación entre ellas: I) después se explicará el sustento teórico que caracteriza a las tres principales posiciones en torno a los derechos humanos; II) enseguida, se señalará que hay autores (entre ellos Habermas) que han propuesto la generación de lazos cooperativos para lograr el diálogo entre posiciones encontradas, y III) finalmente, a manera de conclusión, se justificará cómo en México el preámbulo constitucional puede significar un primer paso para construir un dialogo en la diferencia.

 

I. Diferencias y derecho humanos como aspiración
Hace algunos años, una articulista mexicana (Katia D’Artigues) con peculiar sentido del humor indicó que un buen epitafio para nuestro país sería el siguiente: “Aquí yace la mitad de México, asesinada por la otra mitad”. Pero somos más de dos: los pobres frente a los ricos, los indígenas frente a los mestizos, los de izquierda frente a los de derecha, los anarquistas frente a los fieles de las instituciones. Y no se diga que los primeros (pobres, indígenas, de izquierda y anarquistas) siempre pertenecen a un mismo grupo: aunque parezca extraño, hay pobres de derecha y ricos de izquierda. o indígenas fieles a las instituciones y mestizos con la bandera de la reivindicación indígena. Esta situación no es extraña para el mundo. El mundo en sí mismo es un conglomerado heterogéneo de ideologías.

La sociedad mexicana vive el fenómeno anterior. Aunque dicha sociedad mantiene un factor común: los derechos humanos como aspiración. Todos (hasta los más déspotas) hablan de derechos humanos. ¡Vivan los derechos humanos! ¡Queremos derechos humanos! ¡La solución a nuestros problemas son los derechos humanos! Así que si algo hay en común en la variedad de pensamientos que existen en una sociedad es en el uso sintáctico del sustantivo derechos humanos. No obstante, en cuanto se empieza a indagar la cuestión semántica empiezan las diferencias. Derechos humanos, para el empresario, es una cosa; para el intelectual, otra; para el indígena, también otra; para la mujer, otra más, y así sucesivamente. Y mientras no se homologuen (cuando menos) algunos criterios de orden semántico, la institucionalización de ellos no podrá arrojar buenos resultados.

Desde luego, tampoco se trata de eliminar las diferencias. Los tiempos actuales exigen que en el mundo contemporáneo no puede ni debe haber imperialismos culturales, doctrinales o filosóficos. Las ideas deben ser sometidas constantemente a evaluación y sólo la razón del mejor argumento es la única fuerza permitida. Esto puede causar ciertas preocupaciones pues la idea de heterogeneidad parece no convencer.

El gran temor a la heterogeneidad es la aparente ingobernabilidad que parece producir. Por ello, el Estado decimonónico partió de una idea sencilla pero irreal: las sociedades políticas constituían una agrupación de iguales. No se pasa por alto que había grados de tolerancia con la diferencia (el famoso principio de igualdad para los iguales). Pero ese grado de tolerancia no significaba la apertura a la diferencia real sino sólo a la aparente o legal. Sea como fuere, hoy hay un axioma ineludible para todas las sociedades: las diferencias son bienvenidas y la intolerancia debe ser rechazada.

Pero si las diferencias deben ser bienvenidas, lo primero que hay que hacer es reconocerlas y aquí nos enfrentamos con un nuevo problema. Sobre este tema, de las diferentes concepciones de los derechos humanos, se ha escrito mucho y muy variado. Aquí sólo mencionaré tres posturas principales en torno de los derechos humanos.

 

II. Tres posiciones filosófico-políticas sobre los derechos humanos
Antes de mencionar las tres posiciones es importante aclarar que no dejan de ser etiquetas y quizás sólo sean útiles con fines explicativos. En cada una de ellas se agrupa una heterogenia variedad de pensadores; un intento bastante apretado puede significar que nadie se sienta identificado con estas posiciones. Sin embargo, es necesario clasificarlas.

La posición liberal asume que el ser humano es egoísta por naturaleza, pero tiene el uso de la razón como elemento mediador de la toma decisiones. Los derechos humanos deben potencializar el uso de la razón y la autonomía. En ésta, los derechos son previos a cualquier deber. Primero reclamo lo mío antes de que me exijas reconocer lo tuyo. Los derechos humanos son un mecanismo para negociar intereses, pues permiten que “al ceder algunas de sus libertades fundamentales los hombres sean suficientemente compensados por medio de las ganancias sociales y económicas resultantes”.(6)

La posición republicana considera que el ser humano es sentimental por naturaleza y tiene el valor de la solidaridad que lo ayuda en la toma de sus decisiones. Los derechos humanos deben potencializar el uso de la solidaridad. Por lo cual tiene que haber una cierta disposición a la colaboración y a la consagración de una “voluntad general”. Los intereses particulares, explicaba Rousseau, se transforman en intereses generalizables o, mejor dicho: cada uno de los miembros de la sociedad aportará su libertad natural para obtener la libertad civil y hacer a cada uno tan libre que sólo se respete a uno mismo.

La posición comunitarista considera que el ser humano es tradición por naturaleza, los derechos son colectivos y la defensa de los mismos son sus derechos humanos. Para una concepción comunitaria, los lazos entre los miembros de la sociedad van más allá de una virtud cívica; es un lazo de fraternidad: hermano o hermana son los distintivos para identificar a los miembros de la comunidad. Ese lazo de fraternidad o hermandad se crea en virtud de una tradición común y compartida.

Visto de esta manera será difícil que las tres posiciones se pongan de acuerdo. Los liberales lo ven todo como negociación razonable; al individuo sólo se le puede pedir aquello que no violente su autonomía; los republicanos, por el contrario, consideran que es válido exigir cuotas de solidaridad (la idea de negociación les resulta hasta con rasgos de maldad). Por su parte a los comunitaristas les interesa el respeto a sus tradiciones y su fraternidad. Autonomía y solidaridad son conceptos secundarios.

 

III. Lazos cooperativos y patriotismo constitucional
¿Qué hacer al respecto? Autores como Habermas han propuesto la generación de lazos cooperativos que se pueden materializar en algo que él ha denominado patriotismo constitucional. El patriotismo constitucional haría las veces de un contrato social sustentado en la idea de que debemos respetar nuestras diferencias, pero apegadas a ciertos postulados constitucionales. Esos postulados desde luego serían mínimos y servirían para resolver diferencias en el alcance interpretativo de los derechos humanos. En suma: generar un diálogo en la diferencia (modelo deliberativo) sería la única salida para poder asegurar el respeto a los derechos desde diversos puntos de vista.

En el caso de México, el patriotismo constitucional no existe, debido a varias razones: en primer lugar, porque la Constitución ha sido creada con una sola visión de México; en segundo, porque no se ha generado el escenario adecuado para promover un diálogo en la diferencia; en tercero, porque tampoco se han sentado las bases para un modelo constitucional deliberativo. Sin embargo, sí es posible empezar a sentar algunas bases y quizás esto sea a través del establecimiento de un preámbulo constitucional.

 

A manera de conclusión: preámbulo constitucional
El constitucionalista español Javier Tajadura Tejada(7) explica que los preámbulos constitucionales son importantes porque desempeñan tres funciones: 1) sintetizan la decisión política fundamental, 2) son un texto que recoge el techo ideológico y 3) desempeñan una importante faceta simbólica para la integración nacional. Y estas funciones son precisamente las que se busca instaurar con la declaración del preámbulo.

Desde luego, no pasa por alto la crítica realizada por el ministro José Ramón Cossío(8) cuando explica que “a diferencia de lo acontecido en otros órdenes jurídicos, en México no han sido relevantes los preámbulos que han precedido a las constituciones que han estado en vigor”. Sin embargo, él cuida de señalar que esta ineficiencia de los preámbulos ha sido debida a una falta de cultura constitucional. Pero no por eso los preámbulos dejan de ser importantes en sí mismos puesto que “los preámbulos cumplen las funciones básicas señaladas de establecimiento del fundamento de legitimación del constituyente y de la Constitución, de los valores que persigue, de los bienes a los que desea otorgar su protección y de los objetivos sociales que pretende alcanzar”.(9)

Aún más, dadas las teorías contemporáneas sobre el Derecho constitucional denominadas teorías del neoconstitucionalismo, la existencia de un preámbulo facilitaría la función de los jueces cuando se tratara de resolver casos difíciles y en los cuales, para aplicar la ponderación, es necesario tener como fundamento constitucional una escala de valores declarados previamente.

A todo esto, cabe preguntarse, el video “¿Y si los niños fueran candidatos?”, ¿es violatorio de derechos humanos? Quizás la respuesta no sea fácil. Sin embargo, algo que sí resulta al alcance de nuestras manos es reconocer que, más allá de nuestras diferencias legítimas, resulta importante instaurar los lazos cooperativos para lograr algunos acuerdos. Resolver estos temas sería quizás un elemento fundamental para evitar males mayores en los que sí estamos de acuerdo que son violaciones más allá de cualquier posición ideológica: la desaparición de personas, los feminicidios, los homicidios.

 


 

* Cuenta con los siguientes estudios de posgrado: Estudios en procesos de integración en Europa y América: cambios y perspectivas (Universidad Carlos III, Madrid, España), Curso de posgrado: Estado de derecho y derechos humanos (Universidad Alcalá de Henares, España), Principles & techniques of fund Raising en  Indiana University. Center on Philanthropy. Ha sido profesor de la materia “Derechos Humanos desde la jurisprudencia nacional e internacional” en la maestría en Amparo en la Escuela Judicial del Instituto de la Judicatura Federal. Fue integrante del grupo de expertos para la evaluación del “Perfil Nacional del Juez” proyecto elaborado por la Comisión Nacional de Tribunales de Justicia de los Estados Unidos Mexicanos (CONATRIB). También fue integrante del grupo de validadores en el proyecto de integración de “perfil Nacional de Juez Oral Mercantil” del “Programa de Justicia Cotidiana en materia de mejora Regulatoria” del Poder Ejecutivo Federal.

(1) La expresión se utilizó en un artículo titulado “La aceptabilidad de la derrota”, publicado en diversos diarios del país el 30 de abril de 2018. 

(2) La queja puede consultarse en la siguiente dirección electrónica: http://vozyvoto.com.mx/queja-de-jorge-alcocer-contra-mexicanos-primero-y-televisa-por-spot-ilegal-en-tv/.
(3) El informe oficial del INE puede consultarse completo en el siguiente link: http://centralelectoral.ine.mx/2018/04/30/improcedentes-las-medidas-cautelares-solicitadas-en-contra-del-promocional-denominado-y-si-los-ninos-fueran-candidatos/.
(4) Idem.
(5) Puede consultar la información del TEPJF en el siguiente link: http://www.trife.gob.mx/todo2.asp?menu=12&idBol=171
(6) John Rawls, Teoría de la justicia, México, FCE, 1979, p. 70.
(7) Javier Tajadura, “La función política de los preámbulos constitucionales”, Cuestiones Constitucionales, núm. 5, julio-diciembre de 2001, p. 236.
(8) José Ramón Cossío, La teoría constitucional de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, México, Fontamara, 2002, p. 201.
(9) Ibidem, p. 224.

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