El feminicidio en México

El feminicidio en México

 

Considerar el feminicidio como delito autónomo y no como una agravante del delito de homicidio es una cuestión que se ha debatido mucho y que tiene pros y contras que se deben analizar, afirma el autor al analizar una de las grandes plagas que afectan a nuestro país, la cual cobra la vida de siete mujeres cada día.

 

 

La estudiante preparatoriana Miranda Mendoza Flores, de 18 años de edad, salió de su casa con destino a la escuela, pero ya no regresó. Fue secuestrada al salir de las instalaciones del CCH Oriente el pasado 20 de agosto.

A sus familiares les fueron exigidos cinco millones de pesos de rescate; sin embargo, no hubo tiempo de juntar el dinero: el 21 de agosto elementos de la Policía Federal encontraron un cadáver en el municipio de Cocotitlán, que posteriormente fue identificado como el de la estudiante.

En otro evento, Juan Carlos “N”, quien fue detenido la tarde del jueves por su presunta responsabilidad en 20 feminicidios en la colonia Jardines de Morelos, confesó a elementos de la policía ministerial que nunca escogió a sus víctimas, pues ellas llegaron por coincidencia y él “agarraba parejo”. Pero para las autoridades lo más siniestro es que al parecer el feminicida confeso estar alegre e incluso orgulloso de sus crímenes. Mientras tanto, familiares de otras mujeres desaparecidas en la zona quieren que se busque a los suyos entre los restos encontrados.

La fiscalía ha confirmado que, al registrar la casa de la pareja detenida, ubicada en la colonia Jardines de Morelos, hallaron restos humanos en baldes de agua, en el refrigerador y en bolsas de plástico. Los investigadores han descubierto más restos desmembrados en otras dos viviendas.

Otro caso relevante es el ocurrido en marzo de 2018 en el concurrido centro comercial de Reforma 222, en pleno Paseo de la Reforma de la Ciudad de México. Tres balas perforaron el cuerpo de Selene Hernández Mujica, de 28 años, luego de que su ex pareja, Óscar Alejandro Munguía, le disparó en el local en el que ella trabajaba, en dicho centro comercial.

Tras el ataque, Alejandro intentó suicidarse. Paramédicos corrieron por el centro comercial y trasladaron en ambulancias a los dos heridos, quienes disputaban la custodia de su hijo de tres años de edad. Ella murió y él está grave en un hospital en calidad de detenido. La procuraduría capitalina informó que investiga como feminicidio el asesinato de Selene.

Feminicidios como éstos se repiten en nuestro país todos los días. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, en nuestro país mueren siete mujeres cada día. Con una tasa de impunidad cercana a 96 por ciento casi es imposible conocer cuántas de estas mujeres fueron asesinadas por razones de género, pero estoy seguro de que el número es alto. Este panorama nada alentador permite dimensionar la gravedad del problema en nuestro país.

El artículo 1º del Comité de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) define la discriminación contra las mujeres como “toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo, que tenga por objeto o por resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio por la mujer, independientemente de su estado civil, sobre la base de la igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y las libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural y civil o en cualquiera otra esfera”.

Por su lado, la Recomendación General 19 de la CEDAW define la violencia contra las mujeres como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

El Estado mexicano cuenta con una gama de disposiciones legales que protegen a las mujeres, como Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV, 2007), la cual define la violencia feminicida como “la forma extrema de violencia de género contra las mujeres producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas que conllevan misoginia, impunidad, tolerancia social y del Estado, y que puede culminar con el homicidio y otras formas de muerte violenta de las mujeres”.

Por su lado, el Código Penal Federal (CPF, 2012) tipifica al feminicidio como delito autónomo:

“Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género. Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias:

”I. La víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo.

”II. A la víctima se le hayan infligido lesiones o mutilaciones infamantes o degradantes, previas o posteriores a la privación de la vida, o actos de necrofilia.

”III. Existan antecedentes o datos de cualquier tipo de violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar, del sujeto activo en contra de la víctima.

”IV. Haya existido entre el activo y la víctima una relación sentimental, afectiva o de confianza.

”V. Existan datos que establezcan que hubo amenazas relacionadas con el hecho delictuoso, acoso o lesiones del sujeto activo en contra de la víctima.

”VI. La víctima haya sido incomunicada, cualquiera que sea el tiempo previo a la privación de la vida.

”VII. El cuerpo de la víctima sea expuesto o exhibido en un lugar público.”

Considerar el feminicidio como delito autónomo y no como una agravante del delito de homicidio es una cuestión que se ha debatido mucho y que desde un punto de vista totalmente objetivo y libre de la carga de la presión social o de los grupos feministas tiene pros y contras que se deben analizar.

Por un lado, el delito autónomo “contribuye a la prevención general de la conducta, en tanto transmite el mensaje según el cual la vida de las mujeres constituye un bien jurídico protegido por el Derecho penal, del que no puede disponerse por el hecho de ser mujer, es decir, por lo que ideológica y culturalmente significa ser mujer; transmite un mensaje que sirve para deconstruir el imaginario según el cual las mujeres son usables, maltratables, prescindibles y desechables, y reafirma la respuesta sancionatoria del Estado cuando esta protección se transgreda”.1

Se debe precisar que, desde el punto de vista exclusivamente técnico penal, tipificar el delito de feminicidio como un tipo autónomo conlleva serios problemas de impunidad que en nada ayudan a la prevención especial. De establecerse como delito autónomo podría ocurrir que no se acrediten todos los elementos para comprobar su comisión del homicidio por razones de odio hacia las mujeres y que un crimen se quede sin castigo, aun cuando en un momento dado pudieran reunirse todos los componentes de un homicidio.

Por supuesto que esto no es obstáculo para que los crímenes contra las mujeres por razones de género sean castigados con toda la severidad y la contundencia que se merecen.

Y aunque el feminicidio no es el único delito contra las mujeres, simplemente por el hecho de ser mujeres, sí llama la atención la frecuencia y cada vez más violenta forma de comisión de estos ilícitos. Y no debemos perder de vista otros casos de violencia feminicida como la violencia familiar, los delitos sexuales y, todavía más grave, la desaparición de mujeres.

Además de prevenir y castigar estos delitos es indispensable dar una atención efectiva e inmediata a las víctimas.

Como presidente de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas hasta enero de 2017 puedo afirmar que apenas se están colocando las primeras piedras en materia de atención a víctimas y que todavía hay mucho que hacer, sobre todo por las víctimas de delitos de alto impacto, como feminicidios, desaparición de personas, secuestro y homicidio.

La garantía de los derechos de las víctimas se resolvería aplicando las leyes que ya existen, pero la falta de voluntad política y presupuestal hacen difícil su cumplimiento.

 


 

* Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana; especialista en Derecho penal por la Universidad de Salamanca, España, y maestro y doctor en Derecho por el Centro de Estudios en Posgrado en Derecho.

[1] Isabel Agatón Santander, “Sobre el feminicidio como delito autónomo”, en https://www.ambitojuridico.com/noticias/ambito-del-lector/educacion-y-cultura/sobre-el-feminicidio-como-delito-autonomo.

 

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