La abogacía después del coronavirus

La abogacía después del coronavirus

 

Hoy la abogacía mexicana tiene una oportunidad de oro para transformarse, oportunidad que no imaginábamos antes de la pandemia global provocada por el coronavirus. Y no se trata de un cambio superficial, sino de una coyuntura para experimentar una profunda metamorfosis desde este momentum que la vida nos ofrece, sostiene el autor.

 

 

Estamos listos para hacer borrón y cuenta nueva frente a la sociedad, demostrando que somos sensibles ante la nueva situación planetaria y que deseamos ejercer de modo distinto… No podemos ya regresar a ser los mismos de antes.

Para el imaginario popular, los abogados somos “picapleitos, cuervos, avenegras, abogánsters, coyotes, chicaneros, chocarreros, pánfilos, seres de chicha o nabo, o tontos de capirote”.1 La abogacía mexicana ha sido blanco de todo género de críticas —muchas, fundadas—, provenientes de todos los sectores, incluso del propio gobierno.

Nuestro quehacer no goza de confianza,2 de reconocimiento, de respeto y mucho menos de prestigio. Parafraseando a Óscar Cruz Barney, “la abogacía mexicana está enferma”. Lejos de considerar a la profesión como una actividad importante para sus vidas, la mayoría de los mexicanos nos ve como un mal necesario, y siempre que esté a su alcance evitará por todos los medios buscar la asesoría y el consejo de un abogado.

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