Reincidencia delictiva: ¿neuropredicción o neuroprevención?

Reincidencia delictiva: ¿neuropredicción o neuroprevención?

 

¿Es posible, acudiendo a los avances de la tecnología y las investigaciones en el campo de las neurociencias, predecir el comportamiento delictivo para anticiparse a que ocurra? ¿Debemos regresar al concepto de "peligrosidad" y poner en entredicho el libre albedrío? Los autores ofrecen una alternativa para resolver este dilema y, para ello, proponen reemplazar el concepto de "neuropredicción" con el de "neuroprevención".

 

Uno de los fines de la pena de prisión radica en la llamada prevención especial, idea bajo la cual se espera que la persona aprenda para no repetir el acto que lo llevó a ese lugar, pudiendo así reinsertarse. Ahora bien: ¿quién volverá a la cárcel?, ¿hay forma de saber si el delincuente no aprendió la dura lección que da el encierro?, ¿hay forma de anticiparse sin violar los derechos fundamentales o sin desdibujar el Derecho para darle mayores herramientas al Derecho penal del enemigo? Estas interrogantes, con las que partimos en este breve estudio, son cada vez más frecuentes en el ámbito de una criminología que aspira a dar respuestas antes que meras explicaciones.

Desde su inicio, la prisión ha estado ligada a un proyecto de transformación de las personas; sin embargo, la experiencia muestra una difícil realidad del sistema penitenciario al crearse una iatrogenia institucional e incluso una ideología del castigo. Esto va a generar un reconocimiento del fracaso histórico de la prisión a partir de las primeras décadas del siglo XIX, momento en el que comienzan las críticas a ésta y al sistema penal en su conjunto. Como lo menciona Foucault: “Las prisiones no disminuyen la tasa de la criminalidad: se puede muy bien extenderlas, multiplicarlas o transformarlas, y la cantidad de crímenes y de criminales se mantiene estable o, lo que es peor, aumenta”.1

En un esfuerzo para combatir la tendencia de crecimiento de la criminalidad y la reincidencia, se han ofrecido propuestas para su “control” o “erradicación”, e incluso se ha incrementado el número de investigaciones y proyectos dirigidos a entender e intervenir sobre este problema. Pero surgen algunas interrogantes: ¿qué tipos de conducta violenta se producen?, ¿con qué frecuencia?, ¿bajo qué condiciones o en qué escenarios?, ¿cómo se interviene?, ¿resulta posible, y qué implicaciones traería consigo, la predicción del comportamiento delictivo?, ¿cómo afectaría todo esto a la forma de castigo?

Cabe señalar que la predicción consiste en formular hipótesis sobre el patrón comportamental futuro. Pero las cosas han cambiado en cuestión de predicción. Este cambio ha sido de naturaleza técnica, pues se ha construido un nuevo aparato científico que ha abandonado parcialmente el diagnóstico clínico de la peligrosidad y lo ha sustituido por la estimación probabilística del riesgo de hechos violentos y delictivos: la llamada evaluación de riesgo de violencia.2

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