Luis M. Díaz Mirón y su gestión al frente de la Libre

Luis M. Díaz Mirón y su gestión al frente de la Libre

 

En su cuarto año como rector de la Escuela Libre de Derecho, Luis Manuel Díaz Mirón nos recibe para hacer un balance del trabajo realizado y manifestar su gratitud por una gestión exitosa, en la que deja una Escuela de la que sus alumnos y profesores pueden seguir sintiéndose orgullosos.

 

 

Luis Manuel Díaz Mirón, rector de la Escuela Libre de Derecho, nos recibe en las instalaciones de la institución, en la colonia Doctores, a un costado de la Dirección General del Registro Civil de la Ciudad de México. Reconoce que se trata de una ubicación que, al estar en la zona centro, les recuerda a los estudiantes el reflejo de la realidad social que se vive en el país.

Al caminar hacia su oficina se advierte una frase que a la letra dice: “Con honor, disciplina y excelencia académica, forjamos juristas consagrados a luchar por la justicia y la libertad”.

El rector de “la Libre”, como sus estudiantes y egresados la llaman, es una persona que se distingue por su constante y activa participación en foros, mesas de trabajo, congresos y debates, pero sobre todo por su amor hacia la institución que lo forjó como abogado.

Es especialista en Derecho laboral, profesión que ejerce con ética y dedicación, mismas con las que, en la década de 1990, también dirigió el Consejo Directivo de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa, Colegio de Abogados (ANADE).

El motivo de la reunión es conocer los avances y los proyectos que se hicieron durante su gestión al frente de la Libre; los retos que mantienen en lucha a la comunidad académica y lo que representó ser la cabeza de la escuela más antigua en impartir sólo educación superior en materia jurídica.

La Escuela Libre de Derecho se fundó el 24 de julio de 1912. Su origen se halla en una huelga estudiantil que se suscitó en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Desde sus inicios tuvo como objetivo ser una institución independiente del poder público y ajena a todo fin político o credo religioso. Desde hace 106 años se caracteriza por tener el patronazgo del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México (INCAM), la asociación más antigua de abogados del continente americano.

La relación con el Ilustre ha generado importantes apoyos y sinergias. Actualmente se tienen especialidades y maestrías entre ambas instituciones que se manejan con absoluto respeto e independencia.

Respecto de la colegiación y la certificación obligatoria para los abogados el rector manifiesta claramente su absoluto apoyo a la iniciativa. Señala que el día en que un estudiante se recibe, como parte de los documentos básicos que se le otorgan junto con su constancia de examen, se añade una invitación precalificada del INCAM para que se colegie.

La tendencia a nivel mundial apunta hacia la profesionalización y la constante actualización de conocimientos para garantizar la probidad y la ética de los servicios jurídicos.

Más allá de ser una institución particular, la Libre se ha consolidado por ser un bastión en enseñanza de calidad y exigencia académica, por conjugar la teoría con la práctica y por su claustro de profesores. Así lo afirma Díaz Mirón, quien con el ánimo y la cortesía que lo caracterizan, destaca lo honrado que se siente de llevar el cargo de rector, al cual sus compañeros abogados y profesores de la escuela lo eligieron para el periodo 2014-2018.

Como preámbulo de nuestra plática describe lo mucho que se ha transformado su vida y lo importante que ha sido contar con un espléndido equipo de trabajo y con el apoyo de la Junta Directiva, que se caracteriza por el compromiso y el profesionalismo de Loretta Ortiz, Fernando Cataño, Rafael Anzures, Álvaro Altamirano, Ricardo Antonio Silva y, originalmente, del notario público José Ángel Villalobos.

Evoca que entre sus primeras acciones solicitó hacer un balance sobre cómo recibía la institución, para medir el clima organizacional y laboral y detectar las grandes necesidades a corto, mediano y largo plazos.

En cuatro años se realizaron sucesivamente cuatro sesiones de planeación. Pero primero se tuvo una sesión de integración. Díaz Mirón está convencido de que, si se trabaja en un mismo propósito, las cosas tienden a funcionar mejor.

Es una persona que no le teme al cambio; al contrario, es un fiel partidario de la transformación y la actualización. Reconoce que el éxito de su gestión es fruto de los esfuerzos del cuerpo directivo conformado por José Manuel Villalpando, Renata Sandoval, Mayra Müggenburg, Manuel Munive y Rafael Estrada Michel.

Al hacer un balance de su gestión destaca con orgullo la ordenación del plan de estudios, la instrumentación de más controles y de un nuevo sistema de organización. Las materias se imparten anualmente, las clásicas de los primeros años ahora tienen un enfoque de principios y valores centrales en diversas áreas: civil, mercantil, constitucional, laboral, penal, procesal, filosofía y Derecho romano.

A partir del tercer año la educación de los estudiantes se complementa con la práctica y con 30 materias optativas para ir definiendo su perfil; las áreas de especialización van desde las clásicas del litigio hasta las de tecnología, ecología, Derecho energético y Derecho lectoral.

A nivel licenciatura la escuela alberga alrededor de 670 estudiantes, y en posgrado, entre 250 y 300. Asevera que la actualización es un compromiso que se da constantemente. Se busca un liderazgo con el ánimo de ser abogados excelentes, con buen criterio, con buenos principios y con valores para servir a la patria.

En cuatro años la institución a cargo de Díaz Mirón suscribió 39 convenios interinstitucionales de colaboración, uno de los cuales se celebró con el Instituto Politécnico Nacional, el cual ha auxiliado en la instrumentación de controles, sistemas y apoyo en todo lo concerniente a las plataformas electrónicas.

Asimismo, destaca la ordenación administrativa de sistemas, procesos y normas, para que sean más sencillos y accesibles y permitan una mayor comunicación con los estudiantes. Éste es uno de los compromisos más importantes del rector: estar en contacto, día a día, con la comunidad estudiantil.

Con actitud vigorizante indica que dedica una parte de su tiempo para contestar correos y hablar con los compañeros con el propósito de resolver sus inquietudes y problemas de diversa índole. Aunque hay una persona especializada en atender a los alumnos de tiempo completo, ésta es una de las tareas que más disfruta hacer en el ejercicio de su función.

En materia de capital humano reconoce orgullosamente que la Escuela Libre de Derecho tiene más mujeres que hombres, y en la planta estudiantil va más o menos por el 50 por ciento. De la academia anualmente egresan entre 50, 60 o 70 abogados ya titulados.

Las estadísticas y los rankings que se publican en los diarios nacionales ubican a la escuela en los primeros lugares, lo cual emociona al rector, puesto que es una institución especializada en Derecho; no una universidad, pero sí una escuela competitiva forjada en el principio de la oratoria.

Además, por primera vez en 106 años, la Escuela Libre de Derecho obtuvo una certificación por parte de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, que validó sus sistemas, cursos, programas e instalaciones. Con un gran orgullo Luis Manuel Díaz Mirón reconoce estar a la vanguardia.

Uno de los logros que más hace feliz al rector es la modernización de la biblioteca, recinto en el que se aprecian los retratos de grandes constitucionalistas de México, como Emilio Rabasa, fundador de la Escuela Libre de Derecho; Manuel Herrera y Lasso; Felipe Tena Ramírez, y Elisur Arteaga Nava, quien recientemente donó toda su biblioteca personal, un acervo de aproximadamente 10,000 volúmenes, en un acto de agradecimiento hacia su institución académica.

Díaz Mirón también agradece la donación de la familia de don Raúl F. Cárdenas Rioseco, quien recientemente falleció y dejó como legado una vasta colección de libros en materia penal.

Al preguntarle sobre cuál es el perfil de los académicos y cómo es el proceso de selección, el rector explica que primero se abre una vacante mediante concurso; luego, la junta de gobierno y algunos especialistas en la materia reciben las propuestas; posteriormente se realiza una evaluación a modo de examen, y ahí se selecciona a los mejores candidatos.

Con una sonrisa honesta, Díaz Mirón, reconoce que hay una extensa fila de postulantes a catedráticos de la Libre. En torno de la división de posgrados también existe una demanda muy alta, ya que la oferta de maestrías, especialidades, diplomados y cursos de actualización es muy recurrida tanto por alumnos egresados como por estudiantes externos.

Un ejemplo muy claro es la maestría en Derecho laboral, la cual es solicitada por aspirantes del interior de la República, desde Tijuana hasta Cancún. El rector abre las puertas a todos, siempre y cuando satisfagan los requisitos mínimos de admisión. Asegura que no se hace un señalamiento o una precalificación; al contrario, se premia la excelencia y el profesionalismo.

Con firmeza y semblante seguro comenta el significado de tener una primera generación de doctorado y la solicitud que se está haciendo para una segunda generación. Se trata de un mecanismo no presencial que dura cuatro años y ha tenido una gran acogida entre la comunidad profesional de México.

La Libre de Derecho cada vez más se abre paso en el espacio electrónico. Su objetivo es ampliar la oferta en la plataforma on line. Próximamente iniciará una serie de programas basados en alianzas con despachos en el extranjero.

Díaz Mirón sostiene que la escuela se caracteriza por tener un enfoque social. Al preguntarle en qué aspecto y qué tanto los jóvenes tienen esta vocación, reitera que cualquier interesado en ingresar a la Libre puede hacerlo. Asegura que entre 20 y 25 por ciento de la membresía a nivel licenciatura tiene una beca directa de la institución, así como becas indirectas por parte de los hijos de la escuela y de diversas fundaciones.

Ubica el enfoque social desde la formación del estudiante, quien en las aulas encuentra su verdadera vocación de servicio; por ejemplo, mencionó las labores que se realizaron a raíz del terremoto que afectó a la Ciudad de México el 19 de septiembre de 2017; detalló el trabajo que realizó la sociedad de alumnos para ayudar a los damnificados y la red de apoyo que formaron los profesores.

Añadió que a ningún profesor se le paga por ofrecer sus cátedras; todos los hacen por vocación y gratitud a la institución que los formó. Con un tono de satisfacción comenta que en su familia tres generaciones —la de su padre, la de él y la de dos de sus hijos— son abogados, y no tiene más que agradecer a la Libre.

En el transcurso de la conversación el rector reconoce que la Libre es una institución muy tradicional; al pasear por sus instalaciones se observa la carencia de canchas deportivas, lo cual en muchas ocasiones le ha quitado puntos para posicionarse al nivel de otras instituciones.

No obstante, reconoce que los estudiantes se entregan 100 por ciento al estudio, por tener un enfoque más rígido y académico. Pero si un grupo practica algún deporte, el rector siempre está dispuesto a apoyarlo y a echarle porras.

Puntualiza que los profesores y los alumnos de la Libre son personas que quieren servir a la comunidad con un enfoque eminentemente social, basado en principios, valores y ética. Con un tono firme declama el lema de la institución: “El orden y la disciplina de la escuela quedan confiados al honor de los alumnos”.

Para finalizar, asevera que deja una gestión en un ambiente positivo y con un agradable clima laboral. Espera que los estudiantes sigan sirviendo a México. Y reconoce que los profesores y el rector tienen en su corazón el sello de la Escuela Libre de Derecho.

Al despedirnos, reafirma con su semblante la tranquilidad de haber concluido una gestión exitosa.

 

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