Por qué Luis Raúl González Pérez debe presidir la CNDH

hace 12 años

Por qué Luis Raúl González Pérez debe presidir la CNDH

Este texto forma parte del archivo histórico de El Mundo del Abogado. Se publicó originalmente el 31 de octubre de 2014. Lo firmó Ángel M. Junquera Sepúlveda.

Cuando Jorge Carpizo impulsó la creación de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), tenía en mente dar una sacudida al sistema gubernamental e investigar los abusos que soldados, marinos, policías, agentes de migración y toda suerte de servidores públicos cometían contra los ciudadanos.

Su gestión fue deslumbrante. Como buen abogado, se apoyó en la Constitución y la ley para fundamentar sus posturas y, aunque ésa no era su intención, contribuyó a que el gobierno fuera más creíble y legítimo.

Al concluir su encargo, fue sustituido por Jorge Madrazo, quien continuó la línea de su maestro, aunque sin el entusiasmo que caracterizaba a Carpizo. Como Madrazo venía de ser director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, se dijo entonces que la CNDH estaba en manos de la UNAM; que no debía seguir ahí. Por ello se nombró a Mireille Rocatti.

Pero a Rocatti se le vio tibia y se le identificó no con la UNAM sino con grupos políticos del Estado de México, lo que devino en debilidad institucional. En su afán de devolver la comisión a la UNAM, se le dio a José Luis Soberanes, quien perdió el rumbo. Los gastos se dispararon y los resultados se desvanecieron.

Muchos políticos, sin embargo, lo hallaron cómodo. El doctor en Derecho daba un manotazo por aquí y otro por allá, pero pocos le prestaban atención. Tan cómodo resultó, que fue reelegido. Duró en el cargo 10 años y nadie pensó que su posición fuera de la UNAM, pues sus vínculos con asociaciones católicas fundamentalistas le dieron otro perfil. El propio Carpizo llegó a confrontarlo por su frivolidad, sus dispendios y su falta de compromiso.

Al concluir su gestión, Soberanes temía que salieran a la luz sus despilfarros y se embarcó en una campaña para dejar en su sitio a Raúl Plascencia, su visitador y hombre de mayor confianza. Plascencia prometió cargos y canonjías. Y cumplió.

Hoy, a unos días de que el Senado designe al sucesor de Plascencia, los activistas exigen que la comisión se entregue “a una persona valiente y comprometida” que ponga de rodillas al Estado mexicano. Pero la comisión, al igual que otros organismos autónomos, no es una organización de la sociedad civil (OSC). De éstas ya hay muchas en México y, aunque son indispensables para denunciar arbitrariedades, tienen un papel distinto del que se espera de la CNDH. Ésta no compite con Human Rights Watch. El día que lo intente, deberá desaparecer o transformarse en una OSC, sin pretender recibir recursos públicos.

Algunos senadores, cuyos amigos y parientes recibieron chambas y prerrogativas de Plascencia, insisten en que éste debe ser reelegido. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”, aducen. Pero los ruidosos errores de Plascencia y la innegable campaña que el periódico Reforma y otros medios han lanzado en su contra, así como la timidez con la que enfrentó algunos casos, lo hacen inviable.

En el convulso escenario que hoy vive México, Luis Raúl González Pérez es, sin duda, el más completo de los candidatos. El actual abogado general de la UNAM es un servidor público que se ha caracterizado por su institucionalidad y su valor. No es un hombre de estridencias, como puede serlo Emilio Álvarez Icaza, con quien González Pérez ya compitió hace cinco años por la presidencia de la CNDH, pero tampoco es un hombre de complacencias: es un jurista comprometido con la defensa de los derechos humanos. Sus libros, sus artículos, sus posicionamientos, su visión y su trayectoria profesional así lo avalan.

“¿Se devolverá entonces la comisión a la UNAM?”, se preguntarán algunos. La respuesta es que González Pérez no es la UNAM y, frente a otros candidatos —éstos sí con visibles nexos con otros grupos políticos—, es el que mejor se desempeñaría en el cargo. A juzgar por lo que se halla en juego, es quien mayor neutralidad garantiza.

Si el Senado vuelve a colocar a un sujeto cuya misión sea distribuir canonjías, difícilmente sacará a la CNDH del marasmo en que ésta vive inmersa. Volverá a equivocarse. En la comisión no se requiere un activista ni un gestor de los intereses de los partidos políticos sino un abogado sensato, capaz de retomar la misión de la CNDH y, así, devolverle su prestigio. Luis Raúl González Pérez reúne las cualidades humanas y técnicas que lo perfilan como el mejor candidato.

Imagen: Luis Raúl González Pérez / Karolgtusa — CC BY-SA 4.0

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