Miguel I. Estrada Sámano

Miguel I. Estrada Sámano

El pasado 8 de abril murió don Miguel I. Estrada Sámano, abogado de origen michoacano, integrante de la generación fundadora de la Ciudad Universitaria. Realizó sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México y obtuvo el grado de licenciatura con la tesis “Notas sobre la democracia y la representación política”, y el master of laws en la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans.

 

Fue hijo del también abogado don Miguel Estrada Iturbide, uno de los fundadores del Partido Acción Nacional. En ese partido, Estrada Sámano desarrolló su vocación política durante más de una década, en la cual llegó a ser miembro de su comité ejecutivo nacional y de su consejo nacional. Por su relación con otros fundadores de dicho instituto político, Estrada Sámano comenzó su actividad profesional, en calidad de pasante, en el despacho de don Manuel Gómez Morin, don Juan Landerreche Obregón y don Juan Manuel Gómez Morin.

Destacó en la actividad gremial, tanto en México como a nivel internacional. Llegó a ser presidente de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados, y de la Unión Internacional de Abogados (UIA), esta última calificada por don Miguel como “la organización mundial más antigua de la profesión, verdaderamente universal, multicultural y multilingüe”. También fue senador de México en la Unión Iberoamericana de Colegios y Agrupaciones de Abogados (UIBA).

De sus trabajos en la Barra Mexicana destaca la redacción del pronunciamiento sobre las violaciones a la Constitución en que incurrió el presidente José López Portillo al decretar la llamada “nacionalización” de la banca, pronunciamiento que el entonces abogado de los banqueros, don Ramón Sánchez Medal, calificó de histórico.

Como presidente de la UIA ha sido el único mexicano y el segundo hispanoamericano (después del argentino don Enrique Pedro Basla) en ocupar dicha posición. Antes presidió su Trigésimo Quinto Congreso Mundial, el único en su historia celebrado en nuestro país. Ya como presidente de la UIA organizó en Morelia un seminario sobre la colegiación obligatoria de los abogados, tema que 15 años después no ha logrado materializarse todavía en México.

Junto con don Humberto Briseño Sierra, don Julio C. Treviño Azcué y don José Luis Siqueiros, Miguel formó parte del grupo conocido como los Apóstoles del Arbitraje en México, porque fueron los primeros en promover en nuestro país las bondades de dicha institución, como mecanismo eficaz para la solución de controversias.

Fue el primer vicepresidente iberoamericano de la Corte Internacional de Arbitraje de la Cámara Internacional de Comercio, cargo que ocupó durante ocho años, y fue presidente de la Academia de Arbitraje y Comercio Internacional que funcionó bajo los auspicios de la Barra Mexicana, la Cámara Nacional de Comercio y el Instituto Mexicano de Comercio Exterior. También fue vicepresidente de la Comisión de Arbitraje del Capítulo Mexicano de la ICC y cofundador de su diplomado de arbitraje. Influyó notablemente en la inclusión del modelo de ley propuesto por la UNCITRAL en nuestro código de comercio.

En el campo de los derechos humanos, don Miguel fue el impulsor de la idea de constituir la Comisión Mexicana de Derechos Humanos, que fundó en 1988 junto con otros colegas de la talla de don José Luis de la Peza y don Mariano Azuela, a la que se invitó, para presidirla, a don Ramón Sánchez Medal. Entonces, don Miguel ocupó su vicepresidencia internacional.

Prácticamente toda su vida ejerció su profesión en despachos de abogados: en Miranda, Santamarina y Steta; en Creel Abogados; en Estrada Sámano, González Olguín, De Ovando y Martín del Campo, y en Curtis, Mallet-Prevost, Colt & Mosle. Además del tiempo dedicado a la profesión y a asuntos gremiales, don Miguel apoyó causas de beneficio social, como la Fundación de Socorros Sara Ramírez de Tena, de la que fue presidente por invitación de don Felipe Tena Ramírez, dedicada al apoyo de ancianos menesterosos de Morelia.

Asimismo, fue un apasionado cultivador, defensor y divulgador de la lengua, no sólo de la castellana, sino de la inglesa, la francesa y la italiana, así como un gran polemista. Fue maestro en el posgrado sobre arbitraje en la Escuela Libre de Derecho y en la Universidad Panamericana, así como expositor en diversos foros de México y el extranjero, y dejó publicados varios estudios y artículos que seguramente en el futuro habrán de ser compilados y publicados para beneficio de las generaciones venideras, como don Miguel contribuyó a hacerlo respecto de la obra de su padre, que culminó con la publicación de La fuerza de la voz.

A lo largo de su trayectoria, don Miguel recibió la presea Ex-A-Vall en su natal Morelia; la Cruz Distinguida de Primera Clase de la Orden de San Raimundo de Peñafort, otorgada por el reino de España; la Medalla Mercader de la Paz, otorgada por la ICC; la Condecoración Generalísimo Morelos, otorgada por el ayuntamiento de Morelia; la Medalla de Honor del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid, y el nombramiento como miembro honorario del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México, con motivo de su 250 aniversario.

México perdió a un mexicano honorable, de principios y convicciones, con vocación de servicio y comprometido con las causas que consideró justas. Sin duda, don Miguel I. Estrada Sámano dejará un hondo hueco en el foro mexicano.

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Revista El Mundo del Abogado